Ayudando al galápago español (29-9-2002)

No se trata de una actividad inducida por la reciente ola gubernamental de patriotismo. En absoluto. Afortunadamente para ellos, los animales no están ligados a los países, ni tienen que sufrir las servidumbres derivadas de ello. Los animales son de aquellos lugares que han permitido, a lo largo de los siglos, milenios y millones de años, que lleguen a ser lo que son. Mientras que los seres humanos nos empeñamos en tratar de convencer a nuestros vecinos de que la tierra que habitamos tiene entidad propia porque la habitamos nosotros, y no otros, los animales son lo que son porque habitan una determinada región o territorio. No es el ser vivo quien da carta de naturaleza al territorio, sino justamente al revés.

¿Quiénes son estos galápagos?
El entorno mediterráneo-europeo ha creado dos especies de galápago a lo largo de millones de años, que se han ido adaptando perfectamente al devenir de las circunstancias propias de este territorio. Son el galápago leproso (Mauremys caspica) y el galápago europeo (Emys orbicularis). Son las únicas especies de galápago que podemos encontrar en España.
El primero, el leproso, es una especie con buena salud, a pesar de su nombre. Es relativamente abundante en los arroyos y ríos de nuestra geografía. En Colmenarejo es abundante, y se le puede ver tomando el sol en los días fríos de comienzo de la primavera, en las riberas del Aulencia, La Peralera, Membrillo… y otros lugares. Se llama vulgarmente “leproso” por el aspecto de su concha, algo descamada y cutre. Si a este nombre unimos que, en nuestro pueblo, habita arroyos verdaderamente infectos, puede dar una sensación equivocada sobre su salud ecológica.
El galápago europeo es otra cosa. Ocupa hábitats algo más exigentes que los del leproso, pero con mucha menor fortuna. De hecho, el galápago europeo está en peligro de extinción.
Una vez más (y son muchas ya) en Colmenarejo tenemos la fortuna de poder verle en el río Aulencia. No es nada fácil, porque es muy escaso. Originariamente, estos dos galápagos seguramente ocuparían ecosistemas diferentes, pero la eliminación y degradación progresiva de sus lugares de habitación, ha provocado que en la actualidad compartan ciertos hábitats. Es una adaptación natural a las condiciones cambiantes del medio, y no tendría mayor trascendencia si no hubiera entrado en juego una especie temible y agresiva, capaz de modificar las condiciones del medio como nunca sucedió anteriormente en la historia de la Tierra: el Homo sapiens.

Vuelve el hombre (no Jacks, precisamente)
Las crías de Homo sapiens han mostrado desde tiempos de Atapuerca (si no antes) una gran predilección por las mascotas. Y los ejemplares adultos de esta especie, se caracterizan por dar a sus crías, no solo lo que necesitan para su adecuado desarollo físico, social e intelectual, sino también todo aquello que las crías demandan, aunque sea absolutamente superfluo. Y las crías, con esa inteligencia prodigiosa que no tiene parangón en el reino animal, saben aprovechar esta debilidad del adulto, y demandan constantemente.
Para complacer esta demanda, el Homo sapiens de Estados Unidos, se dedicó a criar a sus propios galápagos autóctonos y venderlos en Europa. Aquí, los adultos de Homo los compraron a mansalva para contentar a sus crías. Y cuando se quisieron dar cuenta, uno de cada 20 hogares con niños tenía su galápago de Florida.
Pasó el tiempo, y lo que era una preciosa y manejable tortuguita, se convirtió en un terrible depredador de 30 cm. Esta evolución tuvo lugar al mismo tiempo que la de la cría de Homo, que pasó de ser un cachorro adorable a convertirse en un individuo preadulto atacado de abcesos purulentos (llamados granos) y dominado por la secreción hormonal, y con un carácter insufrible. Ante esta situación, la manada de Homos comienza a ver a la enorme tortuga como un verdadero problema. Y, ¿cuál es la manera en que la especie Homo encara sus problemas? Desviándolos. Y así, el galápago de Florida termina en un río, arroyo o pantano cercano, porque —eso sí— la especie Homo cuida mucho las apariencias, y no es cuestión de “cargarse” a la tortuguita.

Todo lleno de galápagos de Florida
Y así, poco a poco, nuestros ríos, pantanos y arroyos se han ido llenando de este galápago, que no es ni bueno ni malo, pero que compite por la comida y el territorio con los galápagos europeos, y lo hace con gran ventaja, porque es muchísimo más agresivo y voraz.
Las autoridades, que muestran gran sensibilidad por los problemas ambientales, prohíben en un momento dado, la importación de este galápago. Pero no pasa nada, porque en el sureste de los Estados Unidos existe la mayor diversidad de galápagos del mundo, y si no les dejan mandarnos el de Florida, pues mandarán el del Mississippi, como ocurre actualmente. Y cuando prohíban el del Mississippi, pues mandarán otro cualquiera de entre las cuarenta especies que tienen.

Un desastre ecológico
Estos galápagos americanos están terminando, no solo con las colonias de galápago europeo, sino también con grandes poblaciones de anfibios y de peces autóctonos. Son carnívoros puros, se comen las puestas, las crías, los renacuajos, los alevines, los individuos adultos… todo lo que cae en sus manos. Incluso, todo aquel que tenga un galápago foráneo, sabe que a pesar de no tener dientes, es capaz de hacer presa en un dedo y no soltarlo.

La AHE entra en escena
La AHE es la Asociación Herpetológica Española, una asociación eminentemente científica cuyo objetivo primordial es el estudio y protección de la fauna herpetológica de nuestro país. Los “herpetos” son los anfibios y los reptiles: ranas, sapos, tritones, culebras, serpientes, tortugas y galápagos.
La AHE se dirige a nosotros en septiembre de 2002. Ya habíamos tenido ocasión de colaborar directa o indirectamente en varios temas: estudio de la fauna de anfibios en Colmenarejo, censo de poblaciones atropelladas de sapo en el entorno del dique de Valmayor, estudio de la fauna de anfibios en el Parque del Guadarrama, etc. En esta ocasión, el objetivo es intentar capturar galápago americano en una zona que se ha detectado como uno de los últimos reductos del galápago europeo en nuestra región: el área de influencia de los ríos Aulencia-Guadarrama. La convocatoria tiene un objetivo quizá más importante: la realización de un reportaje por parte de Telemadrid, con el objeto de concienciar a la población para que no deje en libertad este tipo de tortugas importadas.
Ponemos en marcha la maquinaria, y una vez más, nuestros socios responden a las mil maravillas. Cerca de 40 personas nos dirigimos al embalse de los Arroyos, lugar en el que la AHE ha detectado una importante presencia de galápago de Florida.
Merece especial atención el enorme galápago de más de 25 años que consiguieron atrapar José Ignacio y Juan. Un precioso ejemplar que, por desgracia, estaba en un lugar al que nunca debía haber llegado. Tanto este ejemplar, como todos los que nos han ido llegando a raíz de la emisión del reportaje en Telemadrid y del artículo aparecido en el Diario del Noroeste, han sido llevados a Grefa, en donde disfrutan de una vida apacible en una charca artificial que comparten con decenas de colegas llegados del otro lado del Atlántico.

Conclusión: ¿No es muchísimo más fácil no comprar galápagos, o al menos no tirarlos a los ríos?

Respuesta: sí.

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