El gallipato. Un anfibio poco conocido

GALLIPATOLos anfibios son un grupo peculiar ya que a lo largo de la evolución han solucionado sólo parcialmente algunos problemas que les impedían colonizar la tierra. Han sustituido la respiración branquial por pulmonar y han desarrollado extremidades para la locomoción en tierra firme. Estas aportaciones han sido fundamentales para completar la transición evolutiva hacia sus descendientes, los reptilesA pesar de estas modificaciones, los anfibios son básicamente acuáticos, con temperatura corporal variable según el ambiente y con la piel fácilmente desecable. Además permanecen ligados al medio acuático por su modo de reproducción, ya que los huevos son expulsados al agua o puestos en ambientes muy húmedos. Con la aparición de los reptiles hace unos 250 millones de años, el auge de los anfibios acabó, y sólo quedaron algunos grupos supervivientes de los cuales descienden los gallipatos.

gallipato_artEl gallipato (Pleurodeles waltl) pertenece a la clase de los anfibios y dentro de ésta comparte el orden de los urodelos con salamandras y tritones. Mide entre 15 y 30 cm, incluyendo la cola, siendo uno de los urodelos más grandes de Europa. Presenta una hilera de protuberancias verrucosas en los laterales que coinciden con los extremos de las costillas que a menudo se notan y que a veces sobresalen a través de la piel. Tiene la cabeza ancha con los ojos pequeños y una cola aplanada lateralmente característica. Es de color verdoso, con manchas más oscuras y las verrugas laterales de color amarillo o anaranjado. Los herpetólogos o estudiosos de los anfibios y reptiles lo reconocerán sin ningún problema, pero los aficionados pueden confundirlo con los tritones, aunque éstos son más pequeños y no tienen verrugas como el gallipato.
Gallipato_encNo se conoce mucho sobre este singular animal, se sabe que es principalmente nocturno y acuático, aunque a veces, sobre todo los más jóvenes se dedican a explorar terrenos menos húmedos y se les puede encontrar bajo rocas o troncos. Los adultos siempre están en arroyos, estanques, charcas e incluyo en ríos de corriente lenta. Poseen un mecanismo peculiar de protección ya que frente a posibles depredadores, contraen el abdomen y estiran las costillas que llegan a desgarrar la piel, de este modo y moviéndose de un lado a otro provocan que el depredador se clave las costillas que al atravesar su piel se impregnan con secreciones tóxicas.

En la época de reproducción es cuando quizá podamos ver a los gallipatos. El cortejo tiene lugar en el agua cuando el macho se acerca la hembra, la toca con el hocico y se agarra a ella hasta que le transmite sus espermatozoides en varias cápsulas que la hembra recoge a través de la cloaca. Si hay éxito en la fecundación, la hembra joven pondrá 150 huevos rodeados de gelatina, si la hembra es adulta puede poner hasta 800. El número tan elevado de puesta se debe a que las posibilidades de supervivencia son muy reducidas, de todos los huevos puestos llegarán a gallipatos adultos alrededor de 20 ó 30 individuos. Después de 12 días nacen las larvas que miden unos 12 mm y se alimentarán de insectos a partir de los siete días de vida, convirtiéndose en adultos entre el primer y tercer año.

Los gallipatos son una especie que sólo vive en el centro y sur de la península Ibérica y en el norte de Marruecos. Su ecosistema es frágil y a veces nos encontramos pequeñas charcas desecadas o contaminadas en las cuales nadan pequeños gallipatos condenados a muerte. Las ayudas prestadas a esta especie y a cualquier otro anfibio, tales como la protección de las charcas, manantiales y arroyos donde viven, el respeto de los propios animales, luchando por eliminar la figura folklórica de animales ponzoñosos y , en caso que podamos, la creación de charcas artificiales, no sólo nos brindará la posibilidad de disfrutar de su presencia, sino que se encargarán de eliminar numerosos insectos parásitos, como los mosquitos, y nos servirán de indicadores de la salud de nuestros campos y jardines.

En Colmenarejo, por fortuna, tenemos una de las mejores poblaciones de gallipatos de toda la Comunidad de Madrid.

Ver también:
-Gallipato (Pleurodeles waltl) por José Luís Esteban, Luís García-Cardenete , Javier Fuentes y Eduardo Escoriza Abril
-El Gallipato en Wikipedia.

El galápago leproso

galapagoDentro del grupo de los reptiles, algunos de los más conocidos y menos temidos, son los galápagos.

Los galápagos se diferencian bien de las tortugas terrestres que encontramos en la península Ibérica, ya que tienen hábitos muy diferentes; las tortugas son huidizas, en tanto que los galápagos son más confiados y no es muy difícil encontrarlos sobre una piedra próxima al agua, tomando el sol. También se diferencian en que los galápagos tienen el caparazón aplanado, mientras que las tortugas lo tienen claramente abombado.

Las dos especies de galápagos que se encuentran en nuestras latitudes son el galápago europeo (Emys orbicularis) y el galápago leproso (Mauremys caspica). Las diferencias entre ambos a simple vista son casi inapreciables. El galápago leproso tiene un caparazón ligeramente menor que el del europeo, aunque generalmente, no supera en ninguna de las dos especies los 20 cm. Además, presenta una coloración más clara y unas líneas amarillentas en el cuello que los diferencian de sus parientes. No obstante, la coloración en esta especie varía con la edad, ya que los jóvenes son pardos con las bandas anaranjadas en el cuello.

El nombre común de galápago leproso proviene del aspecto ruinoso que presenta, en ocasiones, su caparazón, ya que con cierta frecuencia, se instalan en él algas, lo que con el tiempo, provoca unas descamaciones desagradables, de ahí el calificativo. Esta infección puede llegar a provocar el desprendimiento de las placas córneas que forman el caparazón de estos reptiles.

Esta especie se encuentra en ríos, lagunas y zonas salobres, tolerando aguas relativamente contaminadas, alimentándose de insectos, anfibios, peces y plantas. Aunque su dieta es básicamente carnívora, en ocasiones no desdeña el alimentarse de alguna carroña.

Entre sus depredadores se encuentran algunas rapaces y sobre todo, garzas y cigueñas.

La época reproductiva se inicia a finales de la primavera, y la puesta se realiza entre junio y julio. La fecundación es interna y se lleva a cabo tanto en tierra como en agua. La hembra construye un nido de unos 6 cm de diámetro y 10 cm de profundidad y en él deposita de 5 a 9 huevos. Transcuridos treinta días, nacen las crías, con un caparazón de unos 2 cm y 4 gramos de peso. Los machos alcanzan su madurez sexual trancurridos 7 años, mientras que las hembras pueden ser fértiles a los 7 u 8 años.

El galapago leproso suele invernar de noviembre a febrero, aunque en inviernos cálidos puede permanecer activo.
Puede resultar tentador el mantener a este reptil como animal doméstico, especialmente porque no son animales agresivos, son tranquilos y sobreviven durante largo tiempo en condiciones bastante pobres. Pero a menos que reproduzcamos exactamente su medio natural, estamos condenando a estos seres a una vida miserable, nada comparable a su vida en estado salvaje. Los galápagos “domesticados” se convierten en animales moribundos que nada tienen que ver con el galápago que observa alerta una posible presa, en una piedra de un río. Para nosotros, esta escena es todavía fácil de contemplar, en el río Aulencia a su paso por Colmenarejo.

Observar la naturaleza y los animales que viven en estado salvaje puede resultar mucho más divertido y menos costoso que mantenerlos en cautividad en nuestras casas.

La crisopa

crisopaSi hay un insecto cuyo carácter hogareño, ligereza, bondad y sutileza en sus minúsculas y delicadas alas de encaje nos pueda recordar remotamente a las hadas buenas de los cuentos, esa es la crisopa. Solemos descubrirla por vez primera dentro de casa; en la cocina o el salón. Atraída, como tantos otros, por la extemporánea luz eléctrica de nuestros hogares, llega la crisopa a nuestras casas y se posa en una pared o en el alféizar de una ventana. Su ligereza y fragilidad son tales que sólo con tratar de cogerla le haremos un daño irreparable.

Entre los miles de seres voladores que pululan durante la noche, la crisopa es única e inconfundible. Es muy pequeña (alrededor de un centímetro), cuando se posa coloca sus alas protegiendo todo su cuerpo como si de una minúscula tienda de campaña se tratase; tiene dos diminutos ojos saltones que parecen de oro… y, sobre todo, es verde.

Sus alas de encaje son tan delicadas que resulta difícil distinguir sus nervios. Pero si tiene ocasión —y la tendrá— obsérvela con una lupa. La complejísima nerviación de las alas de la crisopa llevó al gran naturalista Linneo a crear un orden, Neurópteros, cuya traducción al castellano sería algo así como “nerviados” o “con gran cantidad de nervios”. Y no es que el resto de insectos alados no tenga nervios.

Mr. Hyde y el doctor

Nuestra crisopa tiene un homónimo que carece de toda su delicadeza. También es una crisopa, pero es fea (más bien horrible), posee unas mandíbulas espeluznantes… y lo que le hace a los pulgones es preferible no contarlo. Nos referimos a su larva. La una es hermosa, grácil y entrañable; la otra fea, voraz y esquiva. Y lo curioso es que las cualidades que hacen de la crisopa un insecto venerado por horticultores las posee por entero Mr. Hyde. Y es que la larva de la crisopa es el más voraz comedor de pulgones y otras plagas que conocemos, mayor incluso que la larva de la mariquita.
Es difícil ver una larva de crisopa en acción. Se ocultan a la mirada de intrusos y hormigas —defensoras de los pulgones— recubriéndose con los restos quitinosos de sus víctimas. Algo así como si Jack el Destripador se engalanara con el hígado, el bazo o el páncreas de las pobres doncellas que tuvieron el infortunio de cruzarse en su camino. Pero aunque no las veamos, ellas continúan su labor incesante de destruir pulgones, en número acorde con su metabolismo, que en dos palabras podemos resumir como im-presionante.

Nuestra amiga se ha granjeado una buena reputación a nivel internacional. Así, en Inglaterra y Estados Unidos se la denomina “Ojos dorados”; en Centroeuropa “Alas de encaje” y “Lobo de los pulgones”. Y en China algo así como: Ligero cuerpecillo que mece la suave brisa los cálidos días del estío…

La crisopa y yo

Comenzamos a verla hacia finales de verano y principo del otoño, cuando busca un lugar agradable para pasar el invierno. Suele equivocarse y toma nuestra casa por un centro de acogida para crisopas. Eso es un halago, porque la crisopa no elige cualquier sitio para pasar los rigores invernales. Si usted es un amante de los animales y la encuentra en mitad del salón, no la devuelva amorosamente a la calle; viene, precisamente, huyendo de ella. Llévela a un lugar tranquilo y abrigado en donde pueda pasar los fríos invernales y en el cual, una vez llegada la primavera, pueda regresar al exterior. No se preocupe por su dieta; al contrario que su larva, puede pasarse sin comer mucho tiempo.

¿Qué más podemos hacer por la bondadosa crisopa? Podemos respetar sus huevos. Aunque esta medida no es para amantes de los insectos sino sólo para fanáticos. Verá. Existen muchos insectos que colocan sus huevos al final de un fino pedúnculo adherido a una hoja, una pared o una cortina. En general están perfectamente ordenados, en fila india. Pero la crisopa los deja al azar, salteados, sin colocar. De manera que debe dar a su asistenta las instrucciones precisas para no echar a perder una preciosa camada de crisopas:

“Braulia; huevos ordenados, ¡fuera! Huevos en formación caótica, ¡respetar!”

Bromas aparte, cuidar de una crisopa adulta es suficiente para garantizar 3 puestas anuales, lo que significa una buena cantidad de individuos. Y, como solemos decir a menudo en esta sección, no es necesario que haga nada bueno por el insecto; con que no lo mate, es suficiente.

Los anfibios de Colmenarejo

COLMENAREJO: UN LUGAR DE PRIVILEGIO

En un censo realizado recientemente por expertos del Museo de Ciencias Naturales, Colmenarejo aparece como uno de los lugares con mayor cantidad de hábitats de anfibios de la Comunidad de Madrid, y el mejor dentro del Parque del Guadarrama. Son esas pequeñas charcas que se secan en verano, la mayor parte simples excavaciones para recoger el agua y dar de beber al ganado, cuando lo había. Estas charcas, muchas de apenas dos metros cuadrados, tienen una importancia enorme, ya que sin ellas los anfibios no podrían reproducirse y acabarían desapareciendo.

Conservar estos lugares húmedos, evitar su degradación por vertidos y urbanización, debe ser uno de los objetivos principales de cualquier programa medioambiental, ya que los anfibios, además de otras consideraciones, son de gran utilidad para el ser humano, y representan el mejor control sobre las plagas de insectos nocturnos perjudiciales. Uno de los factores de crecimiento del mosquito transmisor de la leishmaniosis, enfermedad incurable del perro que puede afectará hombre, es el declive en las poblaciones de sapos.

SAPO COMÚN

Es, hoy en día, el menos común de nuestros sapos. Sus costumbres migratorias, que llegan a llevarlo a más de 6 kilómetros de sus lugares de reproducción, hace que resulte muy vulnerable a los atropellos. Es una especie que, de seguir así las cosas, pronto estará en peligro de extinción. Le gusta frecuentar los jardines, donde resulta muy beneficioso. Las hembras son las de mayor tamaño de todos los sapos.

SAPO CORREDOR

Se llama así porque no salta; anda. También se identifica por la línea verde o amarillenta que recorre su espalda. Es la especie de anfibio más abundante en Colmenarejo. Prefiere reproducirse en pequeños charcos de lluvia, e incluso los formados por roderas de coche en los caminos. Pone miles de huevos que en los años secos, como este, se pierden en su totalidad.

SAPO DE ESPUELAS

Para muchos, el más bonito de los sapos. Es inconfundible por dos pequeñas protuberancias corneas de color negro en sus patas traseras .De ahí el nombre. Las utiliza para enterrarse, como hacen la mayor parte de sapos. Pero él es capaz de profundizar a más de un metro, y esperar así durante muchísimo tiempo a que las condiciones de humedad sean las favorables para la reproducción. Le podemos ver, con suerte, en las proximidades de charcas grandes y arroyos remansados. Sus renacuajos son los más grandes.

SAPO PARTERO

Tradicionalmente ligado a los cursos de aguas limpias, se ha tenido que ir adaptando y hoy es posible encontrarle en abrevaderos y charcas, además de en el curso bajo del Aulencia. Proyecto Verde no ha llegado a verle, ni aparece en el censo del Museo, pero sabemos que está censado hace años y recientemente le hemos oído cantar en la zona central del municipio. Es el único sapo que cuida sus huevos hasta su eclosión, llevándolos sobre el lomo. Es muy escaso y difícil de ver.

RANA VERDE

Es el único anfibio que podemos ver normalmente de día en las charcas (además de renacuajos y larvas del resto de especies), y es el más ligado al agua. No obstante también es capaz de hacer recomidos importantes en busca de algún lugar encharcado. En años de sequía llega a colonizar arquetas de riego y estanques de los jardines.

TRITÓN JASPEADO

Es el más bonito de los tritones. El macho desarrolla una espectacular cresta durante la época de celo. Pasada esta, el tritón jaspeado abandona la charca y se oculta en lugares húmedos y sombríos, permaneciendo cerca de la charca mientras es joven, para alejarse considerablemente después. Podemos verle excepcionalmente en el jardín, en arquetas, sumideros, etc.

GALLIPATO

El más espectacular, primitivo y mayor de nuestros anfibios. Llega a medir más de 30 cm. Es una especie exclusiva de la Península Ibérica y es relativamente abundante en Colmenarejo. Podemos verles en las charcas desde enero a abril, más o menos. Luego desaparece. Los científicos no tienen claro qué hace; algunos afirman que realiza migraciones similares a las del sapo común. Posee un primitivo mecanismo de defensa consistente en perforar su piel con sus propias costillas, liberando un líquido irritante que disuade a sus enemigos. Es un voraz depredador de cuántos animalillos pueblan la charca.

LOS ANFIBIOS Y EL VENENO

Es tradición en muchos lugares, achacar a los sapos y anfibios todo tipo de peligros y supersticiones, desde el de envenenar el agua de los pilones hasta echar a perder la fruta. Todos los anfibios poseen glándulas venenosas en la piel, con el fin de que no se los coman los depredadores. Algunos sapos pueden llegar a soltar (no lanzar ni escupir) un líquido capaz de irritar los ojos si entra en contacto con ellos. Esto es todo. Por tanto, si no tienes pensado comerte los sapos o los tritones, y te lavas las manos después de tocarlos, no tienes absolutamente nada que temer. Nada.

La típula. Nacida para el amor

 

tipula

La típula es algo parecido a un mosquito gigantesco, repugnante, patilargo… e inofensivo.

Habrán visto con frecuencia unos grandes mosquitos, de hasta 60 mm de envergadura, con unas patas enormes que cuelgan con dejadez y un vuelo torpe que les lleva a darse contra todo y contra todos. El batir de sus alas produce un roce ruidoso muy diferente del molesto zumbido de los mosquitos.

En realidad, la típula no es un mosquito, aunque su aspecto parece indicar lo contrario. Los científicos se refieren a ellas más como a moscas que a mosquitos. De esta manera, el nombre vulgar de mosquitos se lo dejan a los Culícidos, los verdaderos mosquitos o cínifes, todos ellos chupadores de sangre y responsables de infinidad de graves enfermedades que asolan a los países tropicales. En España, la Leishmaniosis, enfermedad incurable que se está haciendo muy común entre los perros, está transmitida por un mosquito, y puede excepcionalmente afectar al hombre. Algunos mosquitos son causantes de picaduras dolorosísimas, como el temible Theobaldia annulata, varias veces menor que nuestra típula y cuya picadura es una de las más dolorosas que puede producir un insecto por nuestras latitudes, llegando en ocasiones a causar ampolla e hinchazón muy serias. Estas picaduras tan aparatosas suelen acontecer durante la noche y se atribuyen frecuentemente a las pobres arañas, que no pican prácticamente nunca.

Pero nuestra típula no es de esta clase de insectos, ¡ni muchísimo menos! Ella no vive del prójimo, ya sean personas, perros, gatos o ganado. Se alimenta exclusivamente de materia vegetal en descomposición. Vamos, que la vista de la sangre le marea. Y lo que come lo come en cantidades ínfimas. Incluso algunos consideran que no comen nada. No se extrañen, porque en el mundo de los insectos son varios los que no comen nada en fase de insecto bien desarrollado. Puede que las típulas estén entre ellos.

Eso no es un aguijón

Uno de los motivos del miedo que despiertan estos inofensivos insectos, es la prolongación en punta de su abdomen, algo que a simple vista muchos confunden con un aguijón. Evidentemente no es un aguijón. No puede serlo, porque los dípteros no tienen aguijón; eso es cosa de los himenópteros (abejas y demás).

Una característica curiosa común a todas las moscas —y la típula lo es— es la utilidad de los halterios. Estos órganos son dos a modo de alfileritos invertidos que salen del abdomen, justo tras las alas. Cuando el animal vuela, los halterios también se agitan, pero debido a la inercia de sus puntas más pesadas (la punta del alfiler), cuando la típula cambia la dirección del vuelo, los halterios continúan por un instante oscilando en el mismo plano. Esta diferencia de planos de oscilación, entre las alas y los halterios, crea una tensión en la cutícula del abdomen (justo en el punto de inserción) que es detectada por unas diminutas células sensoriales. Éstas envían la información al cerebro, el cual comprende que se está desviando del rumbo y puede realizar las correcciones necesarias.

Varios tamaños

Las típulas son grandes, muy grandes o grandísimas. Por contraste, a las simplemente grandes se las llama pequeñas. Éstas, las típulas pequeñas, se las reconoce bien por el baile que despliegan cuando están posadas, flexionando sus patas y subiendo arriba y abajo, por lo que en muchos países se les llama “mosquitos oscilantes”.

Si bien las típulas pequeñas pueden confundirse con un mosquito, las grandes y muy grandes no, por la simple razón de que en Europa no hay mosquitos tan grandes. De manera que cualquier mosquito que vea de un tamaño amenazador, lo más probable es que se trate de una inofensiva típula.

Su principal y virtualmente única actividad consiste en entregarse al juego amoroso. Los innumerables machos y las escasas hembras se reúnen en “guateques” en donde ligan. Cuando se forma una pareja, abandona el grupo y se retira a “pelar la pava” en algún lugar recoleto del jardín. Los machos que quedan solteros, vagan de aquí para allá, acudiendo a la luz y entrando en las casas, donde son exterminados sin piedad no sin antes haber proferido todo tipo de gritos de horror y asco. ¡Pobrecillos!

Aunque comprendemos su situación, le invitamos a ser más comprensivo con la próxima típula que entre en su casa. Como son tan torpes, le pasará por delante de la cara, le hará cosquillas en la nariz, le aleteará, pisará, embestirá… Mantenga la calma, cójala suavemente con la mano ahuecada y échela fuera. No la mate, porque tal vez esté sufriendo mal de amores y necesite comprensión.

Inventario de anfibios del Parque Regional por Iñigo Martínez-Solano y Mario García-París

CONSEJO DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS
MUSEO NACIONAL DE CIENCIAS NATURALES

INVENTARIO PRELIMINAR DE LAS POBLACIONES DE ANFIBIOS DEL PARQUE REGIONAL DEL CURSO MEDIO DEL RÍO GUADARRAMA Y SU ENTORNO

Iñigo Martínez-Solano y Mario García-París
Museo Nacional de Ciencias Naturales, CSIC

Diciembre de 2001


1. Introducción. Objetivos

En los últimos años los anfibios despiertan un interés poco habitual en la sociedad, tanto a nivel general (aparición en los medios de comunicación) como a nivel científico. La principal razón de este interés es su sensibilidad a las alteraciones ambientales progresivas, que se manifiesta en un declive global de sus poblaciones o incluso en la extinción de especies (Blaustein y Wake, 1990, Wake, 1991, Alford y Richards, 1999, Houlahan et al., 2000). En Madrid la situación es preocupante ya que los primeros síntomas de ese declive se han comenzado a manifestar en áreas protegidas, incluyendo la casi extinción del sapo partero en Peñalara (Bosch et al., 2001).

La fauna de anfibios del área occidental de la Comunidad de Madrid puede considerarse rica en cuanto a número de especies (García-París et al., 1989), con un interés alto, ya que incluye poblaciones de especies amenazadas (Triturus boscai, Hyla arborea), o recientemente consideradas (Triturus pygmaeus). Desafortunadamente el estado de conservación y el grado de conocimiento de estas especies es muy pobre (Benzal y Salvador, 1998).

La región en la que se incluye el Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama incluye en su porción septentrional parte del piso basal de la Sierra de Guadarrama, un área de excepcional importancia para los anfibios de Madrid. Las porciones media y meridional del curso se encuentran en áreas con menor relevancia desde el punto de vista de la singularidad de las poblaciones de anfibios que alberga, aunque sin embargo estas zonas son de especial interés para la conservación de unas pocas especies (Pleurodeles waltl, Pelobates cultripes, Alytes cisternasii) ya que es aquí donde se mantienen algunas de sus mejores poblaciones. Por otra parte, la cuenca del Río Guadarrama muestra un también especial interés para el análisis de los procesos de especiación en un grupo de anfibios primitivos (el género Discoglossus). Existen indicios de la posible existencia de una zona de contacto al este de la cuenca entre poblaciones de las dos especies morfológicamente crípticas de Discoglossus que habitan en Madrid. Los estudios genéticos que hemos realizado para la ejecución de este Inventario preliminar nos permiten señalar que la porción occidental de la Cuenca del Guadarrama se encuentra ocupada por D. galganoi, mientras que las poblaciones del centro y del oriente de la Comunidad de Madrid corresponden a D. jeanneae. El estudio genético de las poblaciones de la porción oriental del Parque es imprescindible para evaluar la importancia evolutiva de la Cuenca del Guadarrama en los procesos de especiación del género Discoglossus. En conjunto se ha detectado la presencia de 8 especies de anfibios (Pleurodeles waltl, Triturus pygmaeus, Alytes cisternasii, Discoglossus galganoi, Pelobates cultripes, Bufo bufo, Bufo calamita y Rana perezi). Además de éstas, existen otras dos especies que aunque no han sido localizadas dentro del Parque presentan poblaciones muy próximas en su extremo septentrional (Triturus boscai, Hyla arborea) y cuya búsqueda ha de intensificarse. Para la realización de este estudio hemos contado con datos previos generados para la realización del Atlas de Anfibios y Reptiles de Madrid (década de 1980), con datos inéditos recogidos por los autores durante la década de 1990, y con los procedentes de los muestreos efectuados en los años 2000 y 2001. El análisis comparativo de estos datos, aunque preliminares, permiten constatar el deterioro sufrido por las poblaciones de anfibios asentadas en la región, lo que nos lleva a proponer una serie de medidas a corto y medio plazo encaminadas a mejorar su situación. Las poblaciones de Pleurodeles waltl, Triturus pygmaeus, Alytes cisternasii, Pelobates cultripes, Bufo calamita y Rana perezi se mantienen en relativamente buen estado de conservación en gran parte del tercio septentrional del Parque. La calidad de los medios de reproducción disminuye hacia la región meridional donde únicamente Bufo calamita mantiene poblaciones fuertes. Consideramos que la especie más representativa del Parque es el “gallipato” (Pleurodeles waltl), tanto por su elevada densidad de población en el tramo alto, como por su resistencia para sobrevivir en condiciones extremadamente difíciles en el tramo medio, donde en ocasiones es la única especie presente junto con R. perezi.

Resumiendo, los objetivos básicos del presente informe son:

1. Elaborar un inventario preliminar de las poblaciones de anfibios presentes en el Parque. La información disponible se limita en la actualidad casi exclusivamente al Atlas provisional de los anfibios y reptiles de Madrid, publicado en 1989 (García-París et al., 1989). Disponer de información actualizada acerca de los recursos de que dispone el Parque (lo que incluye tanto completar la información contenida en aquel Atlas con nuevos datos como confirmar la persistencia o no y en qué condiciones de las poblaciones conocidas por entonces) es el mejor punto de partida para su correcta gestión. Se prestará especial atención a las especies que han sido catalogadas con algún grado de amenaza en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la Comunidad de Madrid (Decreto 18/92, 26 de marzo de 1992) o bien poseen un interés especial (ver propuestas de catalogación de las especies de anfibios madrileños en Benzal y Salvador, 1998).

2. En el caso del género Discoglossus, además de esta información, y debido a la ausencia de criterios morfológicos para identificar a las dos especies del género endémicas de la Península Ibérica (D. galganoi y D. jeanneae), resulta necesario llevar a cabo estudios con marcadores moleculares para identificar correctamente la(s) especie(s) presente(s) en el Parque.

3. Realizar una evaluación preliminar del estado de conservación de las poblaciones de anfibios del Parque y realizar algunas recomendaciones para su gestión y conservación.

2. Métodos

2.1. Inventario preliminar de las poblaciones de anfibios

Se ha reunido información de las siguientes fuentes:

1. Ejemplares depositados en la Colección de Batracología del Museo Nacional de Ciencias Naturales (Madrid). Se ha revisado la base de datos informatizada de la colección en busca de entradas correspondientes a ejemplares capturados en localidades situadas dentro de los límites del Parque o bien en el término municipal de alguno de los municipios que forman parte del mismo. Posteriormente, se ha revisado la correcta identificación de dichos ejemplares, actualizándose en su caso las novedades taxonómicas (que básicamente afectan al género Discoglossus y a Triturus pygmaeus, anteriormente considerado una subespecie de Triturus marmoratus).

2. Información publicada: básicamente la recogida en García-París et al., (1989) y Prieto (1991). Se ha determinado siempre que ha sido posible la procedencia de las citas recogidas en ambos trabajos con el mayor detalle posible.

3. Nuevos datos recogidos en muestreos llevados a cabo en dos periodos de tiempo: entre 1988 y 1995, y entre 1999 y 2001. La realización de los muestreos ha incluido:

– localización de puntos potenciales para la reproducción de anfibios: recorridos diurnos por áreas potencialmente interesantes y escuchas nocturnas de cantos.

– muestreos diurnos en puntos de reproducción potenciales para la obtención de datos sobre la presencia o ausencia de larvas. También se han muestreado el medio terrestre circundante en busca de ejemplares adultos escondidos en refugios.

– muestreos nocturnos por carretera para localización de adultos dentro y fuera del período reproductor (generalmente durante noches lluviosas, que los adultos de muchas especies aprovechan para dispersarse desde sus refugios de la época no reproductora hacia áreas próximas a sus zonas de reproducción o a la inversa).

– muestreos nocturnos en los puntos de reproducción para localización de adultos (especialmente urodelos) durante el período reproductor.

La información correspondiente a los resultados de los muestreos llevados a cabo entre 1988 y 2001 se ofrecen en mapas de distribución sobre retículo UTM de 5×5 Km.

2.2. Identificación mediante marcadores moleculares de las especies de Discoglossus presentes en el Parque

Como se ha comentado anteriormente, debido a la ausencia de criterios morfológicos para discriminar entre las dos especies de Discoglossus endémicas de la Península Ibérica (D. galganoi y D. jeanneae) es necesario emplear marcadores moleculares para diferenciarlas. En concreto, estudios previos (García-París y Jockusch, 1999) han mostrado la existencia de diferencias importantes entre ambas especies empleando una fragmento del gen mitocondrial del citocromo b de 385 pares de bases. Por ello, hemos seguido el mismo método para identificar las especies de Discoglossus presentes en el Parque.

Para ello, se han recogido muestras de tejido de ejemplares de Discoglossus en áreas próximas al Parque. En algunos casos no ha resultado necesario el sacrificio de ejemplares, bastando con la obtención de un pequeño fragmento de cola de una larva para obtener suficiente cantidad de ADN para los análisis. En otros casos, sin embargo, se han capturado ejemplares para llevar a cabo estudios más detallados de la posible zona de contacto entre D. galganoi y D, jeanneae en la Comunidad de Madrid por medio de electroforesis de proteínas, técnica que sí requiere el sacrificio de ejemplares.

Para la extracción de ADN de las muestras de tejido se realizó una digestión previa con proteinasa-K durante 2 días a 56ºC tras la cual se siguió un protocolo habitual de extracción con fenol-cloroformo. Para la amplificación del fragmento del citocromo b deseado se emplearon las secuencias cebadoras universales MVZ-15 y cyt-B2 (ver García-París y Jockusch, 1999). Las reacciones de amplificación incluyeron 40 ciclos de desnaturalización (1 minuto a 94ºC), hibridación (1 minuto a 50ºC), y elongación (1 minuto a 72ºC). Los productos amplificados fueron secuenciados en el Servicio de Secuenciación Automática del Centro de Investigaciones Biológicas (CSIC). Las secuencias obtenidas fueron comparadas con las secuencias de D. galganoi y D. jeanneae publicadas por García París y Jockusch (1999).

3. Resultados

3.1. Inventario preliminar de las poblaciones de anfibios

En las figuras 1 a 4 se presentan los mapas de distribución que resumen la información publicada hasta 1991 (García-París et al., 1989; Prieto, 1991). Los mapas 5 a 8 recogen citas nuevas obtenidas durante el periodo 1988-2001 (ver listado en Apéndices 2 y 3).
Listado de especies de anfibios presentes en el Parque:

Pleurodeles waltl

La mayor parte de los ejemplares depositados en la colección de Batracología del Museo Nacional de Ciencias Naturales han sido colectados en el embalse de Los Peñascales, en Torrelodones, fuera de los límites del Parque (Apéndice 1). García-París et al. (1989) recogen la presencia de la especie en los términos municipales de Boadilla del Monte, Brunete, Galapagar, Las Rozas, Valdemorillo y Villaviciosa de Odón (Apéndice 2, figura 1). Los muestreos llevados a cabo en los últimos años confirman una amplia presencia de esta especie en todo el Parque, que llega a ser localmente muy abundante en algunas zonas (Colmenarejo) (figura 5).

Las principales amenazas para la especie en la Comunidad de Madrid son la destrucción directa de medios de reproducción y las muertes por atropello de ejemplares durante las migraciones desde o hacia los medios de reproducción (Benzal y Salvador, 1998).

Triturus pygmaeus

Existen ejemplares de esta especie colectados en las localidades de Galapagar, Torrelodones y Valdemorillo depositados en la colección de Batracología del Museo Nacional de Ciencias Naturales. También se ha citado la presencia de la especie en los términos municipales de Collado-Villalba, Torrelodones y Valdemorillo (García-París et al., 1989, Apéndice 2, figura 1). En la actualidad esta especie es localmente abundante en la mitad norte del Parque. Especialmente numerosas son las poblaciones presentes en el término municipal de Colmenarejo, que amplían la distribución previamente conocida de la especie en el Parque (figura 5; ver también apartado sobre áreas importantes).

Las amenazas más importantes para la especie son la alteración y destrucción de medios de reproducción y del hábitat terrestre (Benzal y Salvador, 1998) .

Alytes cisternasii

En la colección de Batracología del Museo Nacional de Ciencias Naturales se encuentran depositados ejemplares procedentes de Torrelodones (Los Peñascales) y Valdemorillo (Apéndice 1). Por otra parte, García-París et al. (1989) citan la presencia de la especie en las cuadrículas VK-17, VK-18, VK-19 y VK-29 (figura 2). Muestreos recientes han permitido ampliar la distribución de esta especie en el Parque en la cuadrícula VK-16 (Arroyo de Sacedón) (figura 6). No obstante, cabe destacar que en general, se han
encontrado siempre bajos números de ejemplares adultos o en estado larvario. Además, está ausente en áreas potencialmente favorables que han sido ocupadas por especies introducidas (Lepomis, Procambarus…).

Los principales problemas que amenazan a la especie son la destrucción y alteración de medios de reproducción (especialmente por introducción de especies) y la destrucción de hábitat (Benzal y Salvador, 1998).

Discoglossus galganoi / Discoglossus jeanneae

En la colección de Batracología del Museo Nacional de Ciencias Naturales no se encuentra depositado ningún ejemplar colectado en alguna localidad dentro del Parque. Además, existen citas publicadas de la presencia de esta especie en los municipios de Valdemorillo y Villaviciosa de Odón (García-París et al., 1989, figura 2; Apéndice 2). Los muestreos recientes han ampliado la distribución conocida de la especie en el Parque (VK-26, figura 6; Apéndice 2).

A pesar de ser una especie capaz de emplear medios acuáticos de muy escasa entidad y con frecuencia cierto grado de contaminación, la destrucción de medios de reproducción es un factor limitante para la especie (Benzal y Salvador, 1998).

Pelobates cultripes

En la colección de Batracología del Museo Nacional de Ciencias Naturales se encuentran depositados ejemplares colectados en las localidades de Majadahonda, Sevilla la Nueva, Torrelodones y Villaviciosa de Odón (Apéndice 1). Además, existen citas publicadas de la presencia de esta especie en los municipios de Arroyomolinos, Las Rozas, Móstoles, Valdemorillo, Villanueva del Pardillo y Villaviciosa de Odón (García-París et al., 1989, figura 2; Apéndice 2). Los muestreos llevados a cabo entre 1988 y 2001 han ampliado ligeramente el área de distribución de la especie en el Parque (VK-17; figura 6).

Además de verse afectada por problemas comunes a otras especies de anfibios (alteración y destrucción de medios acuáticos, pérdida de hábitat), es una de las especies más afectadas por muerte de ejemplares por atropellos en carretera (Benzal y Salvador, 1998).

Bufo bufo

En la colección de Batracología del Museo Nacional de Ciencias Naturales se encuentran depositados ejemplares colectados en las localidades de Brunete, Torrelodones y Villanueva de la Cañada (Apéndice 1). Además, existen citas publicadas de la presencia de esta especie en los municipios de Galapagar y Valdemorillo (GarcíaParís et al., 1989, Apéndice 2; figura 3). Muestreos recientes han ampliado los límites de distribución de la especie en el Parque por la zona sur (figura 7, Apéndice 3).

La dependencia de la especie de medios apropiados para reproducirse (corrientes de aguas limpias y de escasa corriente o masas de aguas estancadas de cierta extensión, precisamente los más afectados dentro del Parque por contaminación e introducción de especies) limita seriamente las posibilidades de supervivencia a largo plazo de la especie. Hay que añadir además el fuerte impacto que supone la muerte por atropello de ejemplares (Benzal y Salvador, 1998).

Bufo calamita

En la colección de Batracología del Museo Nacional de Ciencias Naturales se encuentran depositados ejemplares colectados en la localidad de Villaviciosa de Odón (Apéndice 1). Además, existen citas publicadas de la presencia de esta especie en los municipios de Arroyomolinos, Brunete, Las Rozas, Móstoles, Valdemorillo, Villanueva del Pardillo y Villaviciosa de Odón (García-París et al., 1989, figura 3; Apéndice 2). Se ha ampliado en tres cuadrículas su área de distribución, especialmente en la mitad sur (VK14, VK-25 y VK-27, figura 7).

Afectada en menor medida por la pérdida de medios de reproducción debido a su capacidad de reproducirse en medios acuáticos de muy breve duración temporal. Sin embargo, es una de las especies más afectadas por el atropello de ejemplares (Benzal y Salvador, 1998).

Rana perezi

En la colección de Batracología del Museo Nacional de Ciencias Naturales se encuentran depositados ejemplares colectados en las localidades de Torrelodones y Villaviciosa de Odón (Apéndice 1). Además, existen citas publicadas de la presencia de esta especie en los municipios de Arroyomolinos, Boadilla del Monte, Brunete, Móstoles, Valdemorillo y Villaviciosa de Odón (García-París et al., 1989, figura 3; Apéndice 2). Es la especie más abundante en el Parque, recientemente se ha ampliado su área de distribución en el extremo sur del Parque (VK-14, figura 7).

Es una especie muy versátil en cuanto a que puede emplear una gran variedad de medios acuáticos para reproducirse. Además, es posiblemente la especie que mejor soporta la contaminación de medios acuáticos (que, junto con la introducción de especies –especialmente cangrejos-, parece ser la única limitación de la especie).

Especies cuya presencia en el Parque es probable:

Triturus boscai

No existe ningún ejemplar de esta especie colectado en el Parque o en sus alrededores depositado en la colección de Batracología del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Las citas más cercanas se encuentran en las localidades de Torrelodones (VK29; Los Camorchos), Valdemorillo (VK-08; manantial junto al pantano de Valmayor, García-París et al., 1989) y El Escorial (VK-19; Embalse de los Arroyos, Prieto, 1991; ver figuras 4 y 8). Sin embargo, aún no se ha conseguido localizar poblaciones de esta especie (Catalogada como “De Interés Especial” en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la Comunidad de Madrid) dentro de los límites del Parque. La existencia de condiciones favorables para la especie en algunas zonas dentro del término municipal de Colmenarejo, unida a la cercanía de las poblaciones citadas anteriormente, hacen pensar que podría detectarse su presencia en futuros muestreos.

Hyla arborea

No existe ningún ejemplar de esta especie colectado en el Parque o en sus alrededores depositado en la colección de Batracología del Museo Nacional de Ciencias Naturales. Existen citas próximas en los términos municipales de Collado-Villalba y Valdemorillo (ver figuras 4 y 8). Sin embargo, y pese a la existencia de medios favorables para la especie en algunas zonas (Colmenarejo, por ejemplo), aún no se han detectado poblaciones dentro de los límites del Parque.

3.2. Identificación mediante marcadores moleculares de las especies de Discoglossus presentes en el Parque

Se han obtenido muestras de ejemplares de Discoglossus de las siguientes localidades (todas ellas se encuentran fuera de los límites del Parque, aunque en sus proximidades):

La primera localidad se encuentra en el término municipal de Villanueva de Perales. Se trata de un manantial localizado junto a la carretera M-501 a la altura del puente sobre el río Perales (UTM: VK-0369). La segunda es un pequeño arroyo localizado a las afueras de Navalagamella (UTM: VK-07). Finalmente, la tercera corresponde al Arroyo del Huerto entre las localidades de Casarrubios del Monte y Chozas, en el término municipal de El Viso de San Juan (Toledo) (UTM: VK-1544).

El análisis de las secuencias parciales (385 pares de bases) del citocromo b del ADN mitocondrial de los ejemplares procedentes de estas poblaciones (1 ejemplar por población) y su comparación con secuencias publicadas del mismo fragmento correspondientes a Discoglossus galganoi y D. jeanneae (García-París y Jockusch, 1999, disponibles en GenBank: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/Genbank) permiten identificar a todas las poblaciones examinadas como correspondientes a la especie D. galganoi (99100% de similitud entre secuencias). Considerando que todas estas poblaciones se encuentran en la ribera oeste del Guadarrama y que la población más cercana de la ribera este para la que se dispone de información (Rivas-Vaciamadrid) corresponde a D. jeanneae (García-París y Jockusch, 1999), podemos inferir la posible existencia de una zona de contacto entre ambas especies cuyo eje sería el curso del río Guadarrama.

3.3. Áreas importantes para la conservación de los anfibios en el Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama y su entorno

1. Colmenarejo.
Dentro del término municipal de Colmenarejo se encuentra una de las áreas de mayor interés para los anfibios dentro del Parque. La mayoría corresponde a charcas temporales de moderado tamaño y origen artificial, generalmente de uso (al menos en su origen) como abrevaderos de ganado. Una parte importante del valor del área reside en el papel que pueden desempeñar poblaciones en buen estado de conservación como las que aquí se encuentran en la dinámica poblacional de la especie a una escala geográfica más amplia. Hay que resaltar que las poblaciones localizadas al norte del Parque de muchas especies, como P. waltl, T. pygmaeus, A. cisternasii, P. cultripes o B. bufo se encuentran actualmente severamente fragmentadas debido a la pérdida de hábitat terrestre y de medios de reproducción que acompaña al crecimiento urbanístico que ha experimentado esta zona (municipios de Galapagar, Torrelodones, Villalba o Alpedrete, por poner sólo algunos ejemplos) en las últimas décadas (Barbadillo y García-París, 1991).

Se realizaron varias visitas a lo largo de 2001 (ver listado de citas en Apéndice 3). A continuación se amplía la información sobre algunas de las charcas muestreadas.

1. Los Escoriales (VK-1488). Se han localizado las siguientes especies de anfibios: P. waltl, T. pygmaeus, P. cultripes, B. bufo, B. calamita y R. perezi. Algunas de ellas se encuentran en altas densidades, como T. pygmaeus o P. cultripes (se han llegado a contabilizar 110 ejemplares concentrados en un área de apenas 6 metros cuadrados, comunicación personal: Asociación Proyecto Verde de Colmenarejo). La charca reúne unas condiciones muy favorables para la presencia de Hyla arborea, pese a lo cual no ha sido observado ningún ejemplar. En los alrededores de esta charca se localizó un pilón en el cual, probablemente debido a la presencia de peces introducidos, no se ha observado la presencia de ninguna especie de anfibio. Al parecer, esta charca se verá afectada por la próxima construcción de urbanizaciones en los alrededores de la Universidad Carlos III.

2. Las Cercadas del Huerto (VK-1488). Se han localizado las siguientes especies de anfibios: T. pygmaeus, B. calamita, P. cultripes y R. perezi. En los alrededores de esta charca se localiza una charca y unos pilones en los que no se detectó la presencia de anfibios, aunque sí se observaron altas densidades de ejemplares de cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii). Este problema, potencial y actualmente grave, parece ser frecuente en los medios acuáticos localizados en Colmenarejo.

3. Camino del Rey (VK-1288). Tres charcas empleadas como abrevaderos de ganado donde se ha registrado la presencia de P. waltl, T. pygmaeus, B. calamita y R. perezi.

4. Charcas del Navazo (VK-18). En esta zona existen varias charcas temporales, un manantial que reúne condiciones muy favorables para la presencia de Discoglossus galganoi (pero donde se ha registrado la presencia de peces introducidos), y una laguna artificial. Se localizaron las siguientes especies: P. waltl, T. pygmaeus, P. cultripes, B. cala – mita y R. perezi.

Se han encontrado 6 especies de anfibios dentro del término municipal de Colmenarejo: P. waltl, T. pygmaeus, P. cultripes, B. bufo, B. calamita y R. perezi. En general, todas ellas presentan poblaciones fuertes con abundantes efectivos a excepción de B. bufo. Si bien pueden observarse ocasionalmente ejemplares adultos, la progresiva pérdida de medios favorables para la reproducción de la especie (una tendencia apreciable a nivel nacional) hace que sea una especie cada vez más rara. De hecho únicamente se conoce su reproducción en la presa del Aulencia (embalse de Valmenor), que actualmente sufre los problemas derivados del vertido de lodos de la potabilizadora de Valmayor y las aguas residuales de Colmenarejo (además de la presencia de peces introducidos).

El valor de la zona no se limita a la existencia de un número relativamente alto de especies de anfibios incluso tratándose de un inventario preliminar, sino que también reúne condiciones para el asentamiento de otras especies que aún no han sido localizadas dentro del municipio de Colmenarejo:

Triturus boscai : las citas más próximas se encuentran en Valmayor y El Escorial (García-París et al., 1989). En Colmenarejo existen enclaves favorables para esta especie, a pesar de lo cual no ha podido ser localizada. La presencia de cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii) en medios acuáticos de escasa entidad, como los que suele emplear T. boscai podría estar relacionada con su ausencia de la zona. Considerando que el tritón ibérico está catalogado como especie “De Interés Especial” en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas sería recomendable llevar a cabo un estudio más detallado sobre esta especie.

Alytes cisternasii : citada en la zona por García-París et al. (1989), su presencia no ha podido ser confirmada. Esta especie parece estar sufriendo un fuerte retroceso generalizado en Madrid, especialmente en el pie de la Sierra, por lo que es recomendable también un seguimiento más detallado de la especie en el área de estudio.

Discoglossus galganoi : especie citada en cuadrículas vecinas por García-París et al. (1989), su presencia en la zona es muy probable, si bien al emplear también zonas encharcadas o de poca profundidad para reproducirse puede haberse visto también afectado por la presencia de cangrejos introducidos.

Hyla arborea : existen poblaciones abundantes en Zarzalejo, Valdemorillo y El Escorial. Su ausencia en Colmenarejo, a pesar de la existencia de lugares idóneos para la reproducción de esta especie (p. ej., la charca de Los Escoriales) podría reflejar la tendencia negativa general que experimentan las poblaciones de esta especie localizadas en la zona basal de la sierra (la más afectada por la presión urbanística en los últimos años). Esta tendencia negativa ha justificado que esta especie esté catalogada como “Vulnerable” en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas.

4. Conclusiones. Elaboración de propuestas para el manejo y la gestión de las poblaciones de anfibios del Parque

Se ha detectado la existencia de poblaciones de al menos 8 especies de anfibios dentro de los límites del Parque, cifra que podría llegar a las 10, incluyendo especies de gran interés desde el punto de vista de la conservación como T. boscai, o H. arborea, catalogadas como “De Interés Especial” y “Vulnerable”, respectivamente, en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la Comunidad de Madrid. Esta diversidad, unida al buen estado que presentan algunas poblaciones de otras especies mejor distribuidas como P. waltl o P. cultripes, hace que pueda considerarse a esta zona como de un interés especial en cuanto a su fauna de anfibios, especialmente en la mitad norte del Parque.

Principales factores limitantes para las poblaciones de anfibios del Parque detectados:

– Desaparición de medios acuáticos: algunos ejemplos se han citado en Barbadillo y García-París (1991).
– Alteraciones en los medios acuáticos: en este apartado se incluyen tanto la contaminación de cursos de agua por vertidos procedentes de urbanizaciones próximas, el vertido de escombros en charcas, y la introducción de especies depredadoras de huevos y larvas de anfibios como algunos peces y crustáceos. Se ha observado la presencia de cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii), gambusia (Gambusia affinis) y perca-sol (Lepomis gibbosus) en múltiples puntos de agua que reúnen condiciones apropiadas para la reproducción de varias especies de anfibios.

Si bien el impacto generado por alguno de estos factores (presencia de cangrejos y peces introducidos en algunas charcas) es puntual y afecta sólo a algunas poblaciones concretas (aunque por el momento son problemas de difícil resolución), el principal problema que amenaza a las poblaciones de anfibios, en especial en las áreas centro y norte del Parque, es el desmedido crecimiento urbanístico, que ya ha producido descensos acusados en especies como T. pygmaeus, T. boscai, A. cisternasii, B. bufo o H. arborea en otras áreas cercanas como Galapagar, Villalba, etc. Por ello, además de la correcta regulación de los vertidos que sufren muchos cauces dentro del Parque, resulta muy recomendable la adopción de alguna medida de protección especial para los medios acuáticos temporales y de pequeña extensión. Éstas masas de agua quedan generalmente excluidas de políticas de gestión del territorio a mayor escala a pesar de la importancia que representan para muchas especies de anfibios (especialmente si consideramos que, dada la extendida presencia de peces y cangrejos introducidos en los medios acuáticos permanentes en la Comunidad de Madrid, suelen ser los medios temporales los únicos disponibles). Debe prestarse también especial atención al mantenimiento de corredores naturales entre charcas en los planes urbanísticos que afecten directa o indirectamente a estas zonas. Hay que recordar que no sólo se trata de no destruir directamente puntos de reproducción, sino de favorecer la conexión entre los ya existentes (mediante corredores o creación de nuevas charcas en lugares adecuados) con el fin de asegurar la supervivencia a largo plazo de las poblaciones de anfibios. Una charca puede mantener densidades elevadas de varias especies, pero si está aislada, cualquier alteración puntual puede producir la extinción de todas ellas en la zona en un corto plazo de tiempo sin que pueda producirse recolonización desde núcleos próximos.

5. Agradecimientos

Queremos agradecer especialmente la colaboración del grupo “Proyecto Verde”, de Colmenarejo, y en especial a Carlos, Elvira y Roberto por su ayuda en la localización de charcas y realización de algunos muestreos, así como la aportación de información de gran valor acerca de los anfibios de Colmenarejo. J. Enrique González facilitó la consulta del material depositado a su cargo en la Colección de Batracología del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).

6. Bibliografía

Alford, R. A.; Richards, S. J. 1999. Global amphibian declines: a problem in applied ecology. Annual Review of Ecology and Systematics, 30: 133-165.
Barbadillo, L. J.; García-París, M. 1991. Problemas de conservación de los anfibios en España. Quercus, 62: 20-25.
Benzal, J.; Salvador, A. 1998. (Eds.). Plan de acción de los anfibios y reptiles de la Comunidad de Madrid. Comunidad de Madrid-Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Informe inédito.
Blaustein, A. R.; Wake, D. B. 1990. Declining amphibian populations: a global phenomenon?. TREE, 5: 203-204.
Bosch, J.; Martínez-Solano, I.; García-París, M. (2001). Evidence of a chytrid fungus infection involved in the near disappearance of the Midwife toad in protected areas of central Spain (Anura: Discoglossidae). Biological Conservation.
García-París, M.; Jockusch, E. L. 1999. A mitochondrial DNA perspective on the evolution of Iberian Discoglossus (Amphibia: Anura). Journal of Zoology, London, 248: 209-218.
García-París, M.; Martín, C.; Dorda, J.; Esteban, M. 1989. Atlas provisional de los anfibios y reptiles de Madrid. Revista Española de Herpetología, 3(2): 237-257.
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Houlahan, J. E.; Findlay, C. S.; Schmidtt, B. R.; Meyer, A. H.; Kuzmin, S. L. 2000. Quantitative evidence for global amphibian population declines. Nature, 404: 752755.
Prieto, J. 1991. Nuevas cuadrículas para el Atlas de anfibios y reptiles de Madrid. Boletín de la Asociación Herpetológica Española, *: 20-21.
Wake, D. B. 1991. Declining amphibian populations. Science, 253: 860.

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Inventario medioambiental de Colmenarejo

Extracto del Libro Blanco del Medio Ambiente de Colmenarejo (en PDF)

Este documento es una selección muy extractada del texto original del Libro Blanco del Medio Ambiente en Colmenarejo.
El original consta de más de 200 páginas, con más de 200 fotografías y una completa cartografía a todo color, en escala 1:5.000
Este extracto recoge tan solo 6 epígrafes al azar de los más de 30 del índice original. Además, se han omitido las fotografías por razones de espacio.
La relación de autores y colaboradores aún no está cerrada, y puede incluir algún error, ya que está pendiente de corrección definitiva.
El libro original está a la espera de ser editado.

Mapa geológico de Colmenarejo