Los comederos de aves

autor: 
Elvira Sánchez, Dra. en Biología

En la actualidad, muchos de nosotros hemos optado por vivir lejos de las grandes ciudades, ya sea en pisos, chalets adosados o unifamiliares, en contacto con un entorno más sano y natural.

Poco a poco hemos arrebatado a la Naturaleza todos esos espacios en los que hemos construido nuestros hogares y es por ello que, como seres agradecidos, deberíamos devolverle algo a aquélla que tanto nos ofrece, cualquier cosa que favorezca o beneficie la supervivencia de alguno de los seres que en ella habitan. En Gran Bretaña, por ejemplo, más de un cuarto de millón de hectáreas de jardines ofrecen refugio a muchas criaturas cuyos hábitats salvajes disminuyen día a día.

De entre todos los seres que pueden vivir en nuestros jardines, las aves son de los más agradecidos. Si las alimentamos en invierno, vendrán a menudo, y podremos deleitarnos con su observación.

Hasta el más pequeño jardín, el más desnudo alféizar, puede recibir, de vez en cuando, la visita de algún ave, siendo un placer para el observador y para los pájaros, el proporcionar a éstos alimento en las épocas más frías del año.
En otoño y en invierno se suman a las aves que viven en España, un gran número de especies que pasan el invierno en nuestro país. Los insectos han desaparecido y según avanza el otoño, los frutos empiezan a escasear, por lo que resulta difícil encontrar alimento.

Nosotros podemos ayudar construyendo comederos y colocándolos en sitios accesibles, entre los meses de octubre y abril.

El comedero puede estar todo el año en el mismo sitio, sólo hay que resguardarlo del sol durante el verano, lo que nos permitirá reutilizarlo año tras año. No obstante, si queremos seguir usándolo también en esta época, podemos hacerlo, ya que no hacemos ningún mal a las aves, que saben elegir en cada momento el tipo de alimento que mejor se adapta a sus necesidades, y muy especialmente a la cría.

Para colocar un comedero no es imprescindible un jardín, ya que una bandeja con alimento en el alféizar de una ventana puede ser suficiente para que se acerquen muchas aves. No obstante, es recomendable colocarlo en un lugar donde los pájaros se sientan seguros y donde a la vez, nosotros podamos observarlos con tranquilidad.
Las aves necesitan comer en sitios donde haya buena visibilidad, de este modo sabrán que están a salvo de depredadores. No debemos ubicar un comedero muy cerca de vallas o setos desde donde un gato pueda acechar o saltar sobre ellos, pero sí próximo a algún árbol, donde los pájaros puedan posarse, comprobar que están a salvo y a continuación acercarse a comer.

¿Cómo construir un comedero?
Los comederos se pueden comprar prefabricados, aunque es mucho más divertido e instructivo, sobre todo para los más pequeños de la casa, hacerlos uno mismo.

El más sencillo se puede fabricar con un contrachapado de unos 50 x 30 cm sobre el que colocaremos, unidos con clavos, unos listones de madera de 1cm de alto sobre los lados del rectángulo, que evitarán que la comida se caiga. Dejaremos unos pequeños huecos o agujeros para que el agua pueda salir cuando llueva. En cada esquina colocamos un pequeño gancho del que ataremos un cordel. Los cuatro cordeles se unen a una anilla y ya lo podemos colgar de un árbol o de la cuerda de tender la ropa.

Debemos asegurarnos de que no haya ninguna astilla o clavo que pueda herir a las aves, al igual que debemos comprobar que las juntas no se muevan y que no haya alguna rendija donde los pájaros puedan engancharse una pata.
La madera que elijamos debe ser resistente a las inclemencias del tiempo, y con unos mínimos cuidados, como pueden ser tratarlo con un protector para la madera, nos puede durar hasta 10 años.

Si no queremos colgarlo, podemos colocarlo sobre un poste. Éste debe ser liso y recto, para que a los gatos y roedores les sea difícil trepar por él. No obstante, podemos colocar un “antigatos”, que no es más que una pantalla en forma de cono a media altura del poste y que evita que puedan subirse al comedero.

La altura a la que situaremos los comederos dependerá del lugar desde donde queremos observar a las aves, de la agilidad de nuestros gatos y de la estatura de la persona que se encargue de cuidar del comedero.

El mantenimiento es muy sencillo, tan sólo hay que limpiar regularmente la base del comedero para prevenir enfermedades, evitando la acumulación de desechos y la aparición de hongos. Las aves, como todos los seres vivos, necesitan agua, por lo que no está de más el colocar algún recipiente de fácil acceso (palangana o plato) en el que puedan acercarse a beber, aunque hay que tener en cuenta que el agua puede contaminarse muy rápidamente por excrementos o por comida que caiga accidentalmente, y que hay que sustituir periódicamente parte del líquido.

Muchas aves prefieren comer en el suelo, por lo que no debemos olvidarnos de ellas, para éstas podemos distribuir algo de comida por el suelo del jardín.

Colocando un tejado sobre el comedero protegemos de la lluvia tanto a los alimentos como a los pájaros, aunque es un inconveniente cuando queremos hacer fotografías.

En el comedero se puede poner todo tipo de restos de comida, aunque es imprescindible cierta variedad si se desea atraer pájaros granívoros e insectívoros. Si queremos invitar a alguno de gusto más refinado, existen unos preparados especiales para pájaros silvestres, que están formados por una gran variedad de semillas, combinadas para atraer el mayor número de especies habituadas a este tipo de alimentación.

Pueden venir aves que se alimentan de insectos si colocamos larvas de mosca compradas en tiendas de artículos de pesca, aunque a un buen gusano de la harina casero, no se le resiste ningún petirrojo.

Algunos pájaros, como los estorninos, urracas y gorriones pueden monopolizar el comedero. Las especies más tímidas no se acercarán si ven a estas especies, por lo que podemos utilizar otro tipo de comederos para ellas.

Se puede construir un cesto hecho de malla fina, en el que se pueden poner diversas clases de frutos secos sin tostar ni salar junto con semillas silvestres. Son especialmente apetitosos para las aves los cacahuetes, y si les añadimos pan y huevo duro, resultará un banquete.

Con media cáscara de coco, se puede hacer una “campana” para los carboneros. Sujetamos una cuerda dentro de la cáscara y la colgamos de una rama o del comedero.

No debemos desalentarnos si el comedero tarda un tiempo en ser utilizado, ya que las aves no lo reconocerán enseguida como fuente de alimento o incluso pueden desconfiar de la estructura que ha ”brotado” en el jardín de la noche a la mañana.

Si decidimos, por fin, colocarlo, estamos contrayendo una responsabilidad para con las aves del entorno, por lo que no debemos olvidar reponer la comida cada cierto tiempo.

Disfrutaremos de este modo, sin duda, de la observación de nuestra variada fauna de aves, sobre todo al amanecer, en el primer desayuno de los pájaros de nuestros campos.

Si no queremos colgarlo, podemos colocarlo sobre un poste. Éste debe ser liso y recto, para que a los gatos y roedores les sea difícil trepar por él. No obstante, podemos colocar un “antigatos”, que no es más que una pantalla en forma de cono a media altura del poste y que evita que puedan subirse al comedero.

La altura a la que situaremos los comederos dependerá del lugar desde donde queremos observar a las aves, de la agilidad de nuestros gatos y de la estatura de la persona que se encargue de cuidar del comedero.

El mantenimiento es muy sencillo, tan sólo hay que limpiar regularmente la base del comedero para prevenir enfermedades, evitando la acumulación de desechos y la aparición de hongos. Las aves, como todos los seres vivos, necesitan agua, por lo que no está de más el colocar algún recipiente de fácil acceso (palangana o plato) en el que puedan acercarse a beber, aunque hay que tener en cuenta que el agua puede contaminarse muy rápidamente por excrementos o por comida que caiga accidentalmente, y que hay que sustituir periódicamente parte del líquido.
Muchas aves prefieren comer en el suelo, por lo que no debemos olvidarnos de ellas, para éstas podemos distribuir algo de comida por el suelo del jardín.

Colocando un tejado sobre el comedero protegemos de la lluvia tanto a los alimentos como a los pájaros, aunque es un inconveniente cuando queremos hacer fotografías.

En el comedero se puede poner todo tipo de restos de comida, aunque es imprescindible cierta variedad si se desea atraer pájaros granívoros e insectívoros. Si queremos invitar a alguno de gusto más refinado, existen unos preparados especiales para pájaros silvestres, que están formados por una gran variedad de semillas, combinadas para atraer el mayor número de especies habituadas a este tipo de alimentación.

Pueden venir aves que se alimentan de insectos si colocamos larvas de mosca compradas en tiendas de artículos de pesca, aunque a un buen gusano de la harina casero, no se le resiste ningún petirrojo.

Algunos pájaros, como los estorninos, urracas y gorriones pueden monopolizar el comedero. Las especies más tímidas no se acercarán si ven a estas especies, por lo que podemos utilizar otro tipo de comederos para ellas.

Se puede construir un cesto hecho de malla fina, en el que se pueden poner diversas clases de frutos secos sin tostar ni salar junto con semillas silvestres. Son especialmente apetitosos para las aves los cacahuetes, y si les añadimos pan y huevo duro, resultará un banquete.

Con media cáscara de coco, se puede hacer una “campana” para los carboneros. Sujetamos una cuerda dentro de la cáscara y la colgamos de una rama o del comedero.

No debemos desalentarnos si el comedero tarda un tiempo en ser utilizado, ya que las aves no lo reconocerán enseguida como fuente de alimento o incluso pueden desconfiar de la estructura que ha ”brotado” en el jardín de la noche a la mañana.

Si decidimos, por fin, colocarlo, estamos contrayendo una responsabilidad para con las aves del entorno, por lo que no debemos olvidar reponer la comida cada cierto tiempo.

Disfrutaremos de este modo, sin duda, de la observación de nuestra variada fauna de aves, sobre todo al amanecer, en el primer desayuno de los pájaros de nuestros campos.

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