La culebrilla ciega: temor infundado

autor: 
Elvira Sánchez, Dra. en Biología

Desde tiempos remotos, los reptiles han sido considerados animales perjudiciales, que traían mala suerte o simplemente desagradables a la vista. Este enorme error nace, entre otras causas, del desconocimiento de este grupo animal, que muy lejos de ser dañino es por el contrario beneficioso para el hombre. Hace doscientos ochenta millones de años aparecieron, evolucionando a partir de los anfibios, este grupo de vertebrados que no dependen del agua, no poseen mecanismos eficaces para regular su temperatura corporal, y ponen huevos con cáscara más o menos dura, donde el embrión está protegido además por capas protectoras aislantes.

Gracias a todo, esto los reptiles logran colonizar los más variados medios terrestres y se convierten en el grupo más importante sobre la Tierra durante doscientos millones de años.

En el Jurásico, hace ciento cincuenta millones de años, el clima fue suave y con pocas variaciones, además no existían las aves ni los mamíferos, por lo que los reptiles eran los amos del mundo.

Hace ochenta millones de años, al final del Cretácico, se produjo un enfriamiento de la tierra y el clima empiezó a variar, con lo que se extinguieron numerosas formas reptilianas, quedando sólo como pálido reflejo de su anterior esplendor, los grupos que han perdurado hasta la actualidad.

Llegamos así a uno de los reptiles menos conocidos, la culebrilla ciega (Blanus cinereus), que constituye un endemismo ibérico, siendo la única especie de su familia presente en toda Europa. La familia se llama anfisbénidos y son conocidos en inglés como lagartos vermiformes y en castellano como culebrillas ciegas. Tienen características anatómicas que los emparentan con lagartos y serpientes, sobre todo con los primeros, pero tienen aún más que los distancian. Los anfisbénidos son reptiles muy especializados, ya que viven adaptados a la vida subterránea y presentan un aspecto parecido a una lombriz de tierra. El nombre de la familia significa “andar por los dos lados”, lo que nos indica su peculiar capacidad para desplazarse, hacia adelante como hacia atrás. Abundan sobre todo en Sudamérica y África tropical.

La culebrilla ciega tiene el cuerpo alargado y cilíndrico de diámetro casi uniforme, está anillada exteriormente y no tiene patas. Mide hasta 30 cm , pero generalmente es más pequeña. Los ojos los tiene reducidos y aparecen como manchas negras debajo de la piel. Carecen de tímpano y tienen el olfato muy desarrollado.

A primera vista parece una lombriz gorda y rechoncha, pero si nos fijamos observamos que su cuerpo anillado presenta escamas pequeñas cuadrangulares y en su cabeza observamos claramente su boca y la lengua bífida característica de lagartos y ofidios. Tiene color variable pero siempre tiene un tinte rosado o violeta, con la parte inferior del cuerpo más clara que el dorso.

Esta especie se observa muy rara vez desplazándose sobre el suelo, aunque durante lluvias intensas puede subir a la superficie, al igual que al caer la tarde o por la noche, momentos éstos que aprovecha para alimentarse. Normalmente se encuentra bajo piedras y troncos donde haya algo de humedad y tanto en suelos con mucho humus como en suelos arenosos. Se ha encontrado con frecuencia en pinares y en zonas de cultivo.

Su alimentación se basa en insectos (escarabajos, tijeretas, hormigas), arácnidos (arañas) y crustáceos, (cochinillas de humedad), así como larvas y huevos de todos ellos.

Entre sus depredadores están otros reptiles como la culebra bastarda, y aves rapaces como el cernícalo común y el ratonero.

A pesar de ser una especie difícil de estudiar por su modo de vida, se sabe que en época de sequía permanece aletargada en el interior de la tierra, pudiendo incluso permanecer oculta de junio a noviembre, si la falta de humedad es extrema. Con las lluvias primaverales, se pueden observar numerosos individuos conviviendo bajo la misma piedra y acompañados en muchas ocasiones por escarabajos y por la lagartija cenicienta. Tras el apareamiento, la hembra pone un solo huevo de hasta 3 cm de longitud.

La podemos encontrar en la mayor parte de la Península Ibérica, excepto en la zona norte de Galicia, Cordillera cantábrica, Cataluña y Pirineos. Y, por supuesto, en nuestro pueblo. Hace no mucho, una amable señora nos llamó alarmada porque al retirar la hiedra de una jardinera aparecieron multitud de culebras. Eran culebrillas ciegas. Esta señora vive a menos de 20 metros del Centro Cívico.

Mucha gente siente repulsión o cierta prevención hacia la mayoría de los reptiles. En este caso, la culebrilla ciega, como todos los reptiles de la Península Ibérica, excepto la víbora, son inofensivos, y tan sólo pueden en el peor de los casos darnos un mordisquito. Ni son venenosos, ni traen mala suerte. Mala suerte tendremos, si alteramos irreversiblemente el medio natural, destruyendo sin sentido, alguno de sus componentes.

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