El desarrollo de la Agenda 21 de Colmenarejo

El Ayuntamiento, poco antes de las vacaciones de verano de 2002, convocó a las asociaciones y entes sociales del municipio para comunicarles su intención de desarrollar la Agenda 21 en Colmenarejo, siguiendo la estela de otros ayuntamientos en todo el mundo.

¿Qué es la Agenda 21?
La Agenda 21 nace de las conclusiones de la Conferencia de Río de Janeiro, en 1981, en la que estuvieron representados la mayor parte de paises del planeta, y nace como un instrumento para lograr un crecimiento armónico y sostenible, como alternativa al crecimiento depredador de recursos que agota las fuentes de riqueza y relega a la mayoría de los ciudadanos a meros espectadores de la progresiva degradación de su entorno.

La Agenda 21, prevista para que las ciudades y pueblos del mundo puedan entrar en el siglo XXI con modelos de crecimiento más razonables, tiene implicaciones a nivel nacional, regional, comarcal y exclusivamente local. Esto último es lo que configura la Agenda 21 Local, cuyo desarrollo compete a las administraciones locales o ayuntamientos.

La Agenda 21 Local no es un simple documento político ni mucho menos electoral. Es un conjunto de objetivos tendentes a lograr un desarrollo local sostenible y respetuoso con el medio ambiente, dialogado y consensuado por la totalidad de la ciudadanía y las asociaciones locales, proceso que debe ser tutelado por las autoridades municipales.

En la Agenda 21 Local, la autoridad política y administrativa no es un mero agente ejecutivo, sino un garante de la participación plural de toda la sociedad local, sin la cual la Agenda no tiene sentido.

La Agenda 21 Local obliga a una serie de actuaciones que no son una mera declaración de voluntades sino un ejercicio efectivo y real de las posibilidades de regulación, decisión y control que la Ley otorga a las Corporaciones Locales.

¿Cómo se desarrolla la Agenda 21 Local?
El Consejo Internacional para las Iniciativas Ambientales Locales (ICLEI), patrocinado por la ONU a través de la Unión Internacional de Autoridades Locales (IULA) ha sido el organismo encargado de promover las Agendas 21 Locales a nivel internacional.

En España, la Federación de Municipios y Provincias reconoce la idoneidad de los trabajos del ICLEI y los incorpora a su Código de Buenas Prácticas Ambientales, como base para el desarrollo de Agendas 21 Locales.

También en nuestro país, la fundación DEYNA (Desarrollo y Naturaleza), con sede en Madrid, ha elaborado una excelente guía para el desarrollo de la Agenda 21, mediante la cual ha logrado su implantación en un buen número de municipios en un tiempo récord, merced a un programa claro, sencillo y participativo, al contrario que el elaborado por la FEMP, excesivamente burocratizado, prolijo y complicado de llevar a efecto, amén de requerir excesivos recursos económicos y humanos para su implantación.

Tanto la estupenda guía de DEYNA, como las recomendaciones del ICLEI, establecen una secuencia de actuaciones, cuyos dos primeros puntos son los siguientes:

• Firma de la Carta de Aalborg por parte del consistorio, por la cual el Ayuntamiento se compromete a desarrollar un plan de acción local en materia de desarrollo sostenible, o lo que es lo mismo, una Agenda 21, fundamentada no en una mera declaración de buenas intenciones, sino en un ordenamiento jurídico local (ordenanzas) y en una financiación que permita su implantación y seguimiento.

• Acuerdo sobre la filosofía del proyecto y la visión del modelo municipal deseado.

La relación de municipios europeos firmantes de esta carta de Aalborg arroja un dato muy preocupante: España es con mucha diferencia el país que más municipios han firmado este compromiso. ¿Que significa esto? ¿Que España es el país con mayor sensibilidad medioambiental de Europa? ¿Que posee los ciudadanos más concienciados en este aspecto? ¿Que sus gobiernos locales muestran un considerable desvelo por el medio ambiente? Parece evidente que no es esta la razón. Más bien habría que buscarla en el poco valor que la palabra compromiso representa para la clase política, y en los indudables réditos políticos que este aparente interés por el medio ambiente produce de cara a los electores.

La adhesión a la carta de Aalborg fue aprobada unanimemente por el pleno municipal en octubre de 2002.

La ecoauditoría (diagnóstico ambiental)
Uno de los puntos clave de la Agenda 21 es la elaboración de una ecoauditoría. Para poder conseguir un desarrollo armónico con el patrimonio cultural y medioambiental del municipio es necesario nococer a fondo este patrimonio. Para ello se desarrolla una ecoauditoría. Se trata de un trabajo en el cual queda plasmada la realidad del municipio en materia de medio ambiente, no solo en su vertiente de medio natural (naturaleza) sino también en el medio urbano, prestando atención a todo aquello que incide en la calidad de vida de las personas, desde la contaminación de cualquier tipo, hasta aspectos como el tráfico, la movilidad peatonal, barreras arquitectónicas, optimización energética en edificios públicos, y un larguísimo etcétera.
Esta ecoauditoría fue encargada por el ayuntamiento a una empresa en el verano de 2002 y ha sido entregada a mediados de febrero de 2003.

La participación ciudadana
Como hemos dicho, la Agenda 21 es una herramienta que nace de los ciudadanos para que sea utilizada por las administraciones. No se trata de un desarrollo vertical sino horizontal, con amplia participación en todo momento. Una participación que no se debe limitar a estar informados o debatir, sino a decidir de manera clara cuál es el modelo de desarrollo que se quiere para cada pueblo.

Para un pueblo concreto, como Colmenarejo, no existe una Agenda 21, sino muchas agendas 21 posibles, de la misma manera que no hay un solo modelo de desarrollo sostenible, sino que cada municipio deberá decidir el suyo en base a sus características y peculiaridades, y al deseo de sus ciudadanos. Es por ello, que se hace imprescindible conocer cuál es la voluntad de los ciudadanos, y en base a esa voluntad, desarrollar un modelo coherente y respetuoso con ella, y con la realidad física de nuestro pueblo, en la que el medio natural ocupa un lugar prominente.

La única manera que conocemos de conocer lo que quieren los ciudadanos de Colmenarejo es preguntándoles. Eso es lo que propusimos públicamente en el primer número de la revista municipal (en el artículo titulado “Habla pueblo, habla”), aparecido en primavera de 2002. El ayuntamiento ha asumido parte de esta filosofía, pero con graves defectos, a nuestro juicio, que tendremos ocasión de comentar a continuación.

Proyecto Verde ante la Agenda 21 en Colmenarejo
Desde un primer momento, Proyecto Verde manifestó su apoyo a la Agenda 21 al tiempo que manifestaba serias reticencias acerca de la voluntad real de un desarrollo adecuado por parte del ayuntamiento. Estas reticencias no se basan en corazonadas ni en prejuicios, sino en la sensibilidad medioambiental mostrada a lo largo de esta legislatura por la coalición APIC-PSOE.

Veamos cuáles son las principales discrepancias entre nuestra asociación y el ayuntamiento en el desarrollo de la Agenda 21 Local.

• El modelo de Agenda 21 y la participación. En la primera reunión del Consejo de Participación Ciudadana para tratar de la Agenda, el ayuntamiento ya trae preparado un calendario y un modelo, resultando en la práctica una reunión informativa municipal más que un consejo de participación. Basta leer las actas de dicha reunión para hacerse una idea de su desarrollo. Las intervenciones de los presentes se limitan a tres, entre ellas una reflexión de nuestra representante haciendo hincapié en la necesidad de establecer una consulta popular sobre el tema. El resto de asuntos que llevábamos preparados y de observaciones al modelo presentado por el ayuntamiento se quedó aparcado por falta de tiempo.

• La ecoauditoría. La primera objeción, que hemos manifestado al concejal responsable, ha sido respecto al concurso para su adjudicación. La difusión que se ha dado ha sido tan escasa que tan solo han acudido al concurso 4 empresas, resultando elegida una ligada familiarmente a un empleado municipal.

• Los plazos. Por otra parte, el periodo de tiempo en el que se piensa llevar a cabo esta ecoauditoría es muy pequeño, e imposibilita completamente a la empresa adjudicataria a realizar evaluaciones fiables por ejemplo, en todo lo referente a la flora. Cuando hemos manifestado esta reserva, hemos percibido la sensación de que no se piensa entrar en detalles de este tipo, y eso nos preocupa más todavía, porque si la flora y la fauna no van a servir como criterios para ordenar el desarrollo de nuestro entorno, entonces… ¿que criterios se van a seguir para declarar una zona urbanizable o proteger otra?

Por fortuna, Proyecto Verde sí dispone de toda esta información. Recordemos que el Inventario Medioambiental está terminado (aunque no editado) y que socios de Proyecto Verde están haciendo por cuenta de la Comunidad de Madrid estudios muy detallados de Flora y Ornitología, y que disponemos de los estudios llevados a cabo por Íñigo Martínez Solano y Mario García París del Museo de Ciencias Naturales (y en los que colaboramos modestamente) sobre anfibios en Colmenarejo, sin mencionar estudios en otros campos como la micología o la arqueología.

La reciente entrega de la ecoauditoría (Informe de Diagnóstico Ambiental) arroja un resultado decepcionante, sobre todo en lo referente a medio natural, donde ni siquiera existe una cartografía detallada que permita una ordenación del territorio adecuada a la filosofía de la Agenda 21. Este Informe contiene errores tan importantes que queda invalidado como documento de trabajo. En Documento de Comisión Técnica se pueden encontrar algunas observaciones realizadas por Proyecto Verde solo al resúmen de este documento.

Las deficiencias que hemnos encontrado en un análisis somero del Inventario Medioambiental que presenta como anexo este Informe, son de tal calibre que resulta imposible su corrección, siendo necesaria una nueva redacción, usando fuentes fiables y trabajos de campo específicos.

• La encuesta. La necesidad de la encuesta es evidente. No se puede dejar el desarrollo de la agenda en mano de las asociaciones y agentes sociales, porque eso sería ir frontalmente contra el espíritu de la propia Agenda. Ninguna asociación ni partido político tiene la suficiente representatividad como para capitalizar el sentir de la población de forma mayoritaria. Entre unos y otros no sumamos más allá de un 10% de afiliación, y de ese porcentaje, la inmensa mayoría no deja oir su voz ni siquiera en sus partidos y asociaciones. De manera que, si queremos que la Agenda 21 cuente con el respaldo mayoritario de la sociedad a la que sirve, de manera inequívoca e irrefutable, es preciso hacer una gran consulta popular (encuesta, referendo, etc.). Para nosotros, esa encuesta debería servir para conocer cuál es el modelo de pueblo que queremos para el futuro, y en base a ese modelo desarrollar la Agenda 21. Nosotros defendemos, y así lo hemos expuesto, que para que la ciudadanía pueda pronunciarse adecuadamente, es necesario que conozca las líneas maestra de la ecoauditoría; es decir, que sepa qué es realmente lo que tenemos en Colmenarejo y así poder decidir correctamente lo que debemos hacer con ello. También defendemos que dicha encuesta debe ser irreprochable desde un punto de vista técnico y científico, para que nadie ni nada pueda desacreditarla y tener una excusa para paralizar el proceso o desechar sus conclusiones.

Desgraciadamente, la encuesta presentada por el ayuntamiento en la siguiente reunión del Consejo de Participación Ciudadana, celebrado a la vuelta del verano de 2002, no era un instrumento útil. Se discutió mucho sobre este tema (el lado positivo). La postura del Ayuntamiento era la de hacer una encuesta inmediatamente para conocer cuál era la percepción que los ciudadanos tienen de la situación actual de Colmenarejo. Nuestra postura fue que la encuesta debería hacerse una vez conocidos los resultados de la ecoauditoría, y que debería servir para que los ciudadanos se pronunciasen sobre todos aquellos temas relacionados con el desarrollo y modelo de pueblo que queremos para el futuro. A la Agenda 21 poco le sirve conocer cuál es la percepción actual de los ciudadanos sobre la realidad de su pueblo. La Agenda es un instrumento de futuro y lo que quiere es sabér cómo queremos que sea el Colmenarejo del futuro, no cómo pensamos que es el del presente.
Pero está claro que el ayuntamiento quiere dar una sensación de consulta virtual de cara al proceso, y nada mejor que una encuesta, aunque sirva para poco. Mantuvieron el concepto de encuesta y propusieron que en base a esa premisa, presentamos por escrito sugerencias a la encuesta. Proyecto Verde presentó una encuesta completa, ya que el borrador presentado inicialmente por la empresa que desarrolla la Agenda 21 no reunía los requisitos mínimos de calidad técnica exigibles.

Aún ciñéndonos a lo especificado por el ayuntamiento, la encuesta propuesta por Proyecto Verde tenía elementos muy clarificadores, tendentes a demostrar que el ciudadano medio desconoce casi todo sobre el medio que le rodea y que es preciso darle muchísima más información para, a continuación, preguntarle cómo quiere que sea el desarrollo de su pueblo en los próximos años.

En torno a mediados de octubre, el ayuntamiento distribuyó la encuesta en todos los hogares de Colmenarejo. Esta encuesta, aún siendo mejor que la primera propuesta, contiene errores tan graves y tan de bulto que resulta difícil pensar que han sido involuntarios.

Con todo, lo realmente grave de esto es que cualquiera que sean las conclusiones que se extraigan de su análisis (si es que se puede extraer alguna), serán fácilmente rebatibles por sus graves errores de metodología, muestreo y contenido. En definitiva, una encuesta que solo ha servido como refuerzo político para sus promotores. Para más detalles, puede consultar el Análisis de la encuesta municipal y sus resultados.

Adiós al concepto integrador de la Agenda 21
A las deficiciencias observadas hasta la fecha en las herramientas de apoyo y diagnóstico de la Agenda 21, cabe añadir un problema no relacionado con lo anterior, pero muy importante: la ausencia del Partido Popular en los consejos y deliberaciones previos. El PP forma parte de los consejos sectoriales (entre ellos el de Medio Ambiente y el de Participación Ciudadana), pero su ausencia sistemática de todos ellos resulta muy llamativa, y especialmente de los relacionados con la Agenda 21.

La Agenda —lo repetimos una vez más aún a riesgo de parecer reiterativos— no es algo que se haga contra alguien o contra algo, o frente a alguien. Si existe una posibilidad de que la Agenda llegue a ser un instrumento útil, esa posibilidad pasa necesariamente porque en ella participen los ciudadanos y, por supuesto, los partidos políticos. Ellos son los que tienen la capacidad ejecutiva dentro de un ayuntamiento, y por grande que sea la voluntad de un pueblo, si sus representantes políticos “pasan” del tema no hay nada que hacer (un triste ejemplo lo tenemos con la actitud del gobierno frente a la guerra en Irak).
En la última reunión se señaló que faltaba el PP, y se instó al ayuntamiento a recabar nuevamente su presencia en estas reuniones. Supongamos que desarrollamos un modelo de Agenda satisfactorio. Llegan las elecciones locales en la primavera de 2003 y gana el PP. ¿Qué pensamos que va a hacer con una Agenda que ni a apoyado, ni ha colaborado en desarrollar, ni ha mostrado ningún interés en ella? También existe la otra lectura: ¿Le conviene al actual ayuntamiento que el PP aparezca desmarcado de la Agenda para convertir ésta en un argumento electoral?

El Partido Popular es necesario para el desarrollo de cualquier proyecto que pretenda sostenerse en el tiempo, lo mismo que lo son el resto de partidos políticos. ¿Cómo vamos a desarrollar unos objetivos de espaldas al partido más votado en las últimas elecciones? Nos guste o no, es imperativo acercar al PP a las mesas de debate, escuchar su opinión y que ellos estén dispuestos a manifestarla.

La actitud del PP de no participar en estos foros de debate, independientemente de las lecturas políticas que quiera dársele, es ante todo, un claro desprecio a los ciudadanos de este pueblo, tanto a los muchos que participan ilusionadamente en este proceso como a los que no. Cuando se elije democráticamente a unos representantes es justamente para eso, para que nos representen. No creemos que ni siquiera los votantes del PP estén de acuerdo en que las personas que han (o hemos) elegido falten sistemáticamente de los órganos de representación en los que quizá se tomen decisiones que les afecten directamente.

Conclusiones provisionales
El proceso de redacción de la Agenda 21 necesita un fuerte cambio de timón. Es necesario desacelerar los plazos, para poder digerir las cosas y tener tiempo de estudiar los documentos. Parece que el ayuntamiento quiere llegar a las elecciones con un bonito libro editado, pero los ciudadanos tenemos otras prioridades: Hacer una buena Agenda 21. Y puesto que llevamos años de retraso, tampoco va a pasar nada porque invirtamos unos meses más en hacer las cosas bien.

Es preciso un diagnóstico ambiental certero, y para eso se necesita información fiable sobre aspectos tan importantes como el medio natural. Y se necesita una cartografía detallada para poder abordar un Plan General con garantías de respeto al entorno.

Nada de eso tenemos, por lo que las personas que formamos parte de este proceso de la Agenda 21, nos vemos en la situación de hacer propuestas y tomar decisiones sobre asuntos en los que no tenemos información fiable.

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