Los anfibios de Colmenarejo

COLMENAREJO: UN LUGAR DE PRIVILEGIO

En un censo realizado recientemente por expertos del Museo de Ciencias Naturales, Colmenarejo aparece como uno de los lugares con mayor cantidad de hábitats de anfibios de la Comunidad de Madrid, y el mejor dentro del Parque del Guadarrama. Son esas pequeñas charcas que se secan en verano, la mayor parte simples excavaciones para recoger el agua y dar de beber al ganado, cuando lo había. Estas charcas, muchas de apenas dos metros cuadrados, tienen una importancia enorme, ya que sin ellas los anfibios no podrían reproducirse y acabarían desapareciendo.

Conservar estos lugares húmedos, evitar su degradación por vertidos y urbanización, debe ser uno de los objetivos principales de cualquier programa medioambiental, ya que los anfibios, además de otras consideraciones, son de gran utilidad para el ser humano, y representan el mejor control sobre las plagas de insectos nocturnos perjudiciales. Uno de los factores de crecimiento del mosquito transmisor de la leishmaniosis, enfermedad incurable del perro que puede afectará hombre, es el declive en las poblaciones de sapos.

SAPO COMÚN

Es, hoy en día, el menos común de nuestros sapos. Sus costumbres migratorias, que llegan a llevarlo a más de 6 kilómetros de sus lugares de reproducción, hace que resulte muy vulnerable a los atropellos. Es una especie que, de seguir así las cosas, pronto estará en peligro de extinción. Le gusta frecuentar los jardines, donde resulta muy beneficioso. Las hembras son las de mayor tamaño de todos los sapos.

SAPO CORREDOR

Se llama así porque no salta; anda. También se identifica por la línea verde o amarillenta que recorre su espalda. Es la especie de anfibio más abundante en Colmenarejo. Prefiere reproducirse en pequeños charcos de lluvia, e incluso los formados por roderas de coche en los caminos. Pone miles de huevos que en los años secos, como este, se pierden en su totalidad.

SAPO DE ESPUELAS

Para muchos, el más bonito de los sapos. Es inconfundible por dos pequeñas protuberancias corneas de color negro en sus patas traseras .De ahí el nombre. Las utiliza para enterrarse, como hacen la mayor parte de sapos. Pero él es capaz de profundizar a más de un metro, y esperar así durante muchísimo tiempo a que las condiciones de humedad sean las favorables para la reproducción. Le podemos ver, con suerte, en las proximidades de charcas grandes y arroyos remansados. Sus renacuajos son los más grandes.

SAPO PARTERO

Tradicionalmente ligado a los cursos de aguas limpias, se ha tenido que ir adaptando y hoy es posible encontrarle en abrevaderos y charcas, además de en el curso bajo del Aulencia. Proyecto Verde no ha llegado a verle, ni aparece en el censo del Museo, pero sabemos que está censado hace años y recientemente le hemos oído cantar en la zona central del municipio. Es el único sapo que cuida sus huevos hasta su eclosión, llevándolos sobre el lomo. Es muy escaso y difícil de ver.

RANA VERDE

Es el único anfibio que podemos ver normalmente de día en las charcas (además de renacuajos y larvas del resto de especies), y es el más ligado al agua. No obstante también es capaz de hacer recomidos importantes en busca de algún lugar encharcado. En años de sequía llega a colonizar arquetas de riego y estanques de los jardines.

TRITÓN JASPEADO

Es el más bonito de los tritones. El macho desarrolla una espectacular cresta durante la época de celo. Pasada esta, el tritón jaspeado abandona la charca y se oculta en lugares húmedos y sombríos, permaneciendo cerca de la charca mientras es joven, para alejarse considerablemente después. Podemos verle excepcionalmente en el jardín, en arquetas, sumideros, etc.

GALLIPATO

El más espectacular, primitivo y mayor de nuestros anfibios. Llega a medir más de 30 cm. Es una especie exclusiva de la Península Ibérica y es relativamente abundante en Colmenarejo. Podemos verles en las charcas desde enero a abril, más o menos. Luego desaparece. Los científicos no tienen claro qué hace; algunos afirman que realiza migraciones similares a las del sapo común. Posee un primitivo mecanismo de defensa consistente en perforar su piel con sus propias costillas, liberando un líquido irritante que disuade a sus enemigos. Es un voraz depredador de cuántos animalillos pueblan la charca.

LOS ANFIBIOS Y EL VENENO

Es tradición en muchos lugares, achacar a los sapos y anfibios todo tipo de peligros y supersticiones, desde el de envenenar el agua de los pilones hasta echar a perder la fruta. Todos los anfibios poseen glándulas venenosas en la piel, con el fin de que no se los coman los depredadores. Algunos sapos pueden llegar a soltar (no lanzar ni escupir) un líquido capaz de irritar los ojos si entra en contacto con ellos. Esto es todo. Por tanto, si no tienes pensado comerte los sapos o los tritones, y te lavas las manos después de tocarlos, no tienes absolutamente nada que temer. Nada.

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