Reciclar la basura: un sencillo gesto con importantes consecuencias medio-ambientales

autor: 
Elvira Sánchez, Dra. en Biología

En los tiempos que corren, el consumismo descontrolado se ha instalado en nuestros hogares, otorgándonos más inconvenientes que ventajas. El mundo denominado “desarrollado”, nos ofrece toda una serie de aparatos y utensilios que nos garantizan una vida mejor, es más, nos aseguran que no podemos vivir sin ellos. La publicidad es abrumadora, nos bombardean con información sobre tal o cual producto en cualquier momento y en cualquier situación.

Y así, nos encontramos trabajando para conseguir más dinero para consumir más, y al consumir más necesitamos trabajar más para poder comprar más cosas, que a su vez, nos obligan a trabajar más tiempo... Esta rueda sin fin nos lleva a descubrir que nuestra “calidad de vida” no es tal y que realmente vivimos agobiados por la tensión, la ansiedad y el estrés que conlleva el perseguir algo que quizá no es tan importante.

Podemos observar muchos anuncios que nos informan de las enormes ventajas de algún producto que tan sólo tenemos que “usar y tirar”. Dicho así, parece algo extraordinario, pero parándonos a pensar, nos daremos cuenta de que aunque esto puede parecer ventajoso, es tremendamente dañino, puesto que estamos despilfarrando recursos que no son inagotables. ¿No sería más sensato utilizar un producto que podamos usar muchas veces? De este modo expoliaríamos menos a la Naturaleza y tendríamos aseguradas nuestras necesidades primarias.

La Naturaleza nos aporta todos los recursos naturales que necesitamos y nosotros nos encargamos de malgastarlos de un modo implacable, generando enormes volúmenes de residuos que son difíciles de eliminar y cuya gestión cuesta grandes cantidades de dinero que no todos los gobiernos, locales o nacionales, están dispuestos a pagar.

La “estrategia de las tres erres” resume bien los objetivos que toda persona que quiera hacer algo en beneficio del medio natural, debe tratar de alcanzar: reducir al máximo la producción de residuos, reutilizar todo lo que sea aprovechable y reciclar todo lo que sea posible.

Los residuos generados en el hogar son recogidos por el camión de la basura, 1kg de desechos por habitante y por día en los países desarrollados. Esta gran cantidad de basura es de difícil y costosa gestión.

Una bolsa de basura, contiene por término medio un 50% de materia orgánica, un 20% son papel, cartón o madera, 10% vidrio, 8% metales, 7% plásticos y el 5% restante está formado por residuos minoritarios.

A pesar de que en los últimos años se han construido plantas de tratamiento de residuos sólidos urbanos, todavía podemos encontrar vertederos incontrolados en algunos barrancos u hondonadas. La basura abandonada produce líquidos que se pueden filtrar en el suelo, pudiendo contaminar las aguas superficiales o subterráneas.

Una buena gestión de los residuos de un pueblo o ciudad dirigirá sus basuras a una planta de separación. Es por tanto imprescindible que las autoridades competentes se tomen muy en serio el tema de las basuras, controlen todos los vertederos, y potencien conductas positivas entre sus ciudadanos para que separen en distintas bolsas la basura, facilitando de este modo su reciclaje.

El agotamiento de los recursos naturales en las últimas décadas ha llevado al ser humano a preocuparse por el medio ambiente y a plantearse soluciones para evitar esta situación. El reciclaje y aprovechamiento de lo que un día fue útil, es uno de los mecanismos que se utilizan para evitar el rápido deterioro de la Naturaleza, dándole así tiempo de recuperarse de las heridas sufridas debido a la explotación desmedida por parte de los seres humanos en nombre del progreso.

¿Qué podemos hacer los ciudadanos?

En primer lugar, deberíamos hacer una reflexión sobre cómo queremos vivir y cómo queremos que sea el mundo en el que vivimos. Si la idea que se nos viene a la mente es “en armonía con el medio natural”, es el momento de poner a punto una serie de actuaciones simples, cotidianas, que unidas a muchas otras de otros tantos ciudadanos, harán que mejore la salud de nuestro entorno, y en definitiva, la nuestra.

• Deberíamos generar la menor basura posible, ya que no hay que olvidar que cuanta mayor cantidad generemos, mayor será el coste para reciclarla, y además tendrá una repercusión negativa sobre el medio ambiente al producir gases, malos olores, liberación de metales pesados, etc.

• Es conveniente reutilizar todo aquello que aún nos pueda ser útil, rechazando los productos de “usar y tirar”, ya que con su consumo favorecemos la dilapidación de los recursos naturales.

• Cuando compramos, no debemos hacerlo compulsivamente, sino pensando en lo que realmente necesitamos. No debemos dejarnos engañar por ofertas en las que se nos regala algo, ya que esta estrategia de venta tan sólo encarece el precio del producto inicial.

• En casa, podemos recoger nuestra basura selectivamente, es decir, colocar por separado la materia orgánica, el papel y cartón, el vidrio, el plástico y las pilas. Es obligación de la administración correspondiente proporcionar contenedores específicos para cada producto, por lo que si no existen cerca de nuestra casa, debemos solicitarlos.

• Es conveniente comprar artículos hechos con material reciclado, ya que de este modo contribuimos a reducir el consumo de los recursos naturales básicos y potenciamos la utilización de artículos de este tipo.

• Debemos rechazar productos con embalajes sofisticados e innecesarios, ya que además de incrementar nuestra basura, encarecen el producto que queremos comprar.

• Deberíamos utilizar papel reciclado que no haya sido blanqueado con cloro, ya que este componente es tóxico y su vertido puede dañar seriamente la vida de los ríos. Debido a la baja demanda del papel reciclado, su precio suele ser más elevado que el del papel nuevo virgen, pero si pensamos que reciclando una décima parte de los periódicos usados podríamos salvar 700.000 árboles, quizá nos compense.

• En lugar de tirar a la basura las hojas escritas por una cara, sería bueno guardarlas para tomar notas, hacer la lista de la compra o dárselas a los niños para que dibujen. Seguro que los niños y sobre todo los árboles nos lo agradecerán.

• Es preferible utilizar productos cuyo envase sea el vidrio, ya que éste es fácilmente reutilizable.

• Es mejor usar una maquinilla de afeitar no desechable, de este modo utilizamos durante más tiempo un solo producto.

• Al prepararnos para comer, ya sea en casa o en el campo, es recomendable utilizar servilletas de tela, al igual que cubiertos de metal, y rechazar las servilletas de papel y los cubiertos de plástico.

• Las pilas y baterías contienen, entre otros, mercurio y cadmio que son peligrosos contaminantes. Además la energía para fabricar las pilas es unas doscientas veces mayor a la que proporcionan, y por si fuera poco, muy pocas empresas se dedican a su reciclaje. Sería por tanto muy conveniente usar pilas recargables, que duran más que las alcalinas y podemos utilizar un montón de veces. Siempre, a la hora de desprendernos de ellas, hacerlo en los contenedores instalados específicamente destinado a pilas.

• Y, en definitiva, reducir, reutilizar y reciclar todo aquello que nuestro sentido común nos dicte. Sólo así frenaremos la carrera de un mundo abocado a estar lleno de basura.

Nota acerca de los contenedores amarillos (19-6-2008)

Recibimos a menudo preguntas acerca de lo que podemos o no echar en el contenedor amarillo. Según las instrucciones que figuran sobre los contenedores solo podemos echar envases, sin embargo, en la página web de la Comunidad de Madrid, en la que nos hallamos, encontramos lo siguiente:

¿Qué materiales debo colocar en el contenedor amarillo de la esquina de mi casa?

Primero coloque una bolsa nueva donde irán los envases:

• Envases de plástico como: botellas, tarrinas, bolsas…

• Latas de cualquier clase.

• Todos los bricks o cartones de bebidas.

• El papel de aluminio, todo tipo de film de plástico, el tubo de la pasta de dientes, maquinillas de afeitar…

Para que no se nos olvide y nos podamos acordar, tirar en el cubo amarillo aquello que no es vidrio, ni papel, ni se pudre.

No sabemos a ciencia cierta lo que se puede echar en estos contenedores, y creemos que las campañas de divulgación deberían de ser más explícitas en este sentido.

 

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