El mirlo: un ave urbanita

El mirlo común (Turdus merula) es uno de los pájaros más populares de Europa, aunque en los escritos sobre ornitología de hace 150 años se decía que era un ave bastante rara. Se encuentra ampliamente distribuido en parques y jardines, en los cuales busca lombrices de las que alimentarse. Comparte el nombre vulgar de “tordo” con otras muchas especies de aves, como el zorzal y otros pájaros de color negro, tales como estorninos, grajillas, cornejas o chovas.

Es una especie que se ha adaptado magnificamente a medios urbanos, tanto que forma parte de la fauna habitual de los jardines de las grandes ciudades.

El macho de mirlo común es de color negro intenso, con el contorno de los ojos y el pico amarillo anaranjado que resaltan vivamente sobre el resto del cuerpo. La hembra es marrón más o menos uniforme, en tanto que los jóvenes son de color pardo oscuro moteado. El pico de las hembras y los jóvenes es amarillo, pero mucho menos intenso que el de los machos.
El canto de los machos es aflautado, grave y pausado y se les puede oír desde finales del invierno hasta el otoño. Canta siempre en lugares donde puede ser bien visto y oído, desde la punta de un árbol, la antena de una televisión o una farola. Con su canto delimita su territorio, advirtiendo de su presencia a otros machos posibles competidores.

Come en el suelo, dando saltos y moviendo las alas y la cola con un balanceo característico. Caza insectos, caracoles, babosas y lombrices, estando especializado en la captura de éstas últimas ya que mediante su pico escarba la tierra y tira de ellas sin partirlas, sin prisa pero sin pausa. Este es un espectáculo de los más entretenidos de la naturaleza que podemos observar en nuestro jardín ya que su habilidad en la captura es sorprendente. Además de las lombrices puede, en ocasiones, alimentarse de frutos y semillas. Entre otros, siente predilección por las cerezas, lo que hace que algunos agricultores le reciban a tiros durante la primavera.

Son aves sedentarias, aunque algunas poblaciones europeas migran hacia el sur en busca de alimento. Se distribuyen desde las zonas costeras hasta el límite superior de los bosques, apareciendo en raras ocasiones en áreas de matorral sin árboles y estando ausente por completo en zonas esteparias y desérticas. El mirlo común necesita cobertura vegetal de árboles y arbustos donde instalar su nido. No obstante, si la vegetación es cerrada, puede hacer el nido en zarzas, hiedras e incluso en raíces a nivel del suelo.

La hembra construye el nido, que es una taza grande y sólida de tallos, hierbas y hojas secas, tapizado de una capa de barro y otra superior de hierba seca muy fina y restos de hojas.

Comienzan el período de cría entre febrero y abril dependiendo de las condiciones climatológicas. La puesta se compone de 4 ó 5 huevos, aunque excepcionalmente puede haber puestas de 9 huevos. Éstos son de color azul claro brillante y de unos 3 cm de largo. Puede haber dos o tres puestas, incluso a veces, cuatro al año. La hembra pone los huevos a intervalos de 24 horas y la incubación corre totalmente a su cargo. Tras unos 15 días nacen los pollos que permanecen en el nido hasta 20 días después de su nacimiento. Son alimentados por los padres, incluso 3 semanas después de abandonar el nido.
Instalar un comedero de aves es algo barato y sencillo y rellenándolo periódicamente en los meses más crudos del invierno, podemos ayudar a numerosas aves, entre las que puede encontrarse el mirlo común que puede tener dificultades a la hora de alimentarse por la ausencia de insectos y caracoles y por la dureza del suelo helado. El esfuerzo de poner un comedero puede verse recompensado unos meses después con la aparición de una familia de mirlos saltando por nuestro jardín capturando lombrices, eliminando insectos o deleitándonos con su canto.

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